La preocupante inevitabilidad del atentado

El atentado berlinés que repetía lo de Niza con un camión, debería abrirnos los ojos sobre algunos aspectos de la conducta de los terroristas.

Lo primero es que los islamistas violentos no distinguen mucho entre las peculiaridades de sus objetivos. Basta con que los apuntados sean occidentales y que el hecho consiga titulares. Con lo de Berlín, lo han conseguido. Una buena parte de los habitantes del planeta se ha enterado.

Los buenistas razonaban complacientemente que lo que nos ocurrió a nosotros en Atocha era un resultado directo del envolvimiento de Aznar en la guerra de Irak. Puede que tuviera algo que ver pero la conclusión era precipitada. Luego vino lo no menos atroz de Francia – que se opuso ferozmente, por cierto, a la intervención en Irak -, el atentado contra la revista Charlie Hebdo, en la discoteca Bataclan, en el paseo de Niza… Era más difícil establecer causa y efecto pero los comprensivos hacia las motivaciones de los “pobrecitos” terroristas encontraron una: Francia estaba luchando en Mali contra los islamistas. Ahora estamos expectantes sobre cómo se intentará si no justificar, sí explicar lo de Alemania. ¿Está Alemania guerreando denodadamente contra islamistas? Parece que no. Al contrario, está acogiendo a millones de ellos. Su pecado es ser occidental, democrática, próspera y cristiana. Esto ya es detestable para los fanáticos del islamismo.

Lo segundo a retener es que nadie está libre de sufrir el estrago de un atentado que busca causar un abundante número de muertos. Tenemos que estar preparados. Los occidentales somos vulnerables porque tenemos enfrente, acechándonos, a unas personas fanatizadas y que tienen un número copioso de jóvenes suicidas listos para perder la vida con tal de causar daño visible a sus enemigos, cristianos o de otra corriente del Islam. No necesitan tener una buena preparación militar ni un plan de fuga muy elaborado. No. Dispuestos a saltar por los aires con sus víctimas o a ser abatidos después de causar estragos la operación resulta muy sencilla. Berlín es un buen ejemplo. El asesino sólo necesitaba un camión, que puede ser robado, y observar dónde, en ciertos días, hay concentraciones de gente, de infieles.

Tenemos, en consecuencia, no descartar que ocurra de nuevo en cualquier país europeo. La policía puede ser muy eficiente, la española y la Guardia Civil lo son y cuanto más lo sean, más tarde y más amortiguado nos llegará el golpe, pero los terroristas lo tienen relativamente sencillo. Las armas son baratas, los camiones aparentemente inofensivos. Sólo necesitan un fanático y que le hayan lavado el cerebro para que se suicide.