Alepo, nuestra vergüenza

Hablar de la masacrada ciudad siria de Alepo es casi irrelevante, fútil. A todo el mundo le importa, o nos importa, un pepino. Es una guerra aburrida ya, como la de Vietnam hace años, lejana. Ahora bien, allí, a lo largo de casi cinco años, han muerto decenas de miles de personas, muchas – no ha sido exactamente una guerra relámpago – exterminadas por las bombas lanzadas por el régimen de Assad y los aviones rusos de Putin. Muchos observadores internacionales imparciales han señalado que los bombardeos se dirigían con frecuencia a hospitales, industrias de alimentos de cualquier tipo etc… para obligar a la población a abandonar la ciudad. Algún cargo de la ONU ha señalado que se cometía un crimen de guerra. Los rebeldes sirios, más que los terroristas del Isis, lamen sus casi incurables heridas.

La caída de Alepo puede significar que aparezcan más refugiados en nuestras costas. Pero lo importante es, desde un punto de vista humanitario, que el mundo ha permanecido impávido mientras ocurría esta barbaridad. La ONU ha mostrado de nuevo su impotencia y dado la razón a los que mantenemos que su Carta, su Constitución, es una monstruosidad jurídica. Un solo país de los que tienen el veto, en este caso Rusia, pueden paralizar a toda la sociedad internacional que muy mayoritariamente quería que las muertes pararan. Esa es la democracia de la ONU: hay cinco países que con su veto pueden detener la maquinaria aunque mueran miles de seres humanos.

La segunda conclusión es que Occidente ha perdido. La Unión Europea no ha sido ni compasa en el conflicto sirio. Nos ha sido más cómodo no arriesgar ni recursos y, sobre todo, ni vidas. Estados Unidos, después de que Obama decidiera, aquí emergió el síndrome de Irak, no intervenir a pesar de que había advertido de que la utilización de armas químicas por el sirio Assad tendría consecuencias, ha permanecido, sobre todo últimamente, pasivo.

El vacío ha sido llenado por Rusia e Irán, los dos grandes vencedores de la contienda siria que formalmente pronto concluirá. El gobierno de Assad era incapaz de desalojar a los rebeldes de Alepo que se la arrebataron hace más de cuatro años. Ha necesitado los constantes mazazos de la aviación rusa y la intervención de las milicias extranjeras armadas y dirigidas por Teherán. Irán sale fortalecido en su lucha frente a los sunitas árabes y su influencia se acrecienta en la zona aunque sea por el miedo que despierta. Putin, con poco gasto y probablemente entrenando a su aviación, prueba que donde hay un espacio político abandonado, el dejado por Washington, Londres, Berlín, etc…,no es difícil ocuparlo con cálculo y un poco de decisión.