El berrinche de China y el de Trump

Trump sigue yendo por libre. Ahora ha irritado a China antes de tomar posesión. Hablo por teléfono durante un rato con la Presidenta de Taiwan que lo había llamado para felicitarlo. El problema es que Taiwán, una isla de 24 millones, próspera y democrática, sólo es reconocida por una treintena de países. No pertenece a la Onu. Además, China la considera parte de su territorio y la viene reivindicando desde que se independizó. Estados Unidos rompió relaciones con Taiwán cuando las estableció con la China de Mao y se llego a una solución hipócrita. Washington reconocía que sólo debía haber una China pero mantenía fructíferas relaciones oficiosas con Taiwán, le vendía armamento y tácitamente había prometido defenderlo si Beijing lo atacaba.

No había pues relaciones oficiales entre Taiwán y Washington y, por supuesto, ningún contacto entre sus líderes. Trump ha roto esa práctica que tenía décadas. Ha habido indignación en numerosos comentaristas, en la propia diplomacia tradicional estadounidense y hasta el Financial Times apunta en editorial que la conducta de Trump es peligrosa y temeraria ( “Una peligrosa provocación ” titula) .

El futuro presidente no se corta. En un tweet, es fanático de su utilización y cuenta con millones de seguidores, ha reaccionado diciendo que indignarse es una idiotez, que no podía rehusar una llamada de felicitación de un país que es el noveno cliente de Estados Unidos y al que le venden miles de millones de material militar. Cuando han arreciado las críticas, no ha vacilado en enviar otro tweet diciendo : ” ¿ Nos pidió permiso China para devaluar su moneda, creando problemas a nuestra competitividad, para poner tarifas aduaneras a nuestros productos o para aumentar su presencia militar en el Pacífico?. Me parece que no”.

Bastantes políticos estadounidenses se alarman, y también algunos del resto del mundo, pero no falta quien defienda a Trump. M.A. Thiessen en el Washington Post” sostiene que los diplomáticos de la vieja escuela aplaudieron cuando Obama reconoció a la dictadura de Fidel Castro y hasta acudió a La Habana a ver a un dictador y ahora rechinan los dientes y tratan a Trump de bufón porque ha mantenido una simple conversación telefónica con la President a de Taiwán. Concluye que no es de recibo. El comentarista cree que el Presidente electo no ha cometido ninguna pifia, que ha estado brillante. El hecho es que las manifestaciones de Trump, poco diplomáticas y no sabemos si impetuosas, no habrán disgustado a muchos de sus compatriotas que gustan de su forma de hablar. Y esto, como su elección, es algo que no acaban de entender sus numerosos adversarios.

El acto siguiente de lo que por ahora es un vodevil era ver la reacción de los autoridades chinas. Fue en un primer momento moderada tanto a nivel oficial como a través de los controlados medios de información. Sin embargo, en la mañana del martes han comenzado los salvos periodísticos. La prensa china empieza a disparar contra Trump. El Diario del Pueblo, órgano del partido comunista, escribe que que lo que ha hecho Trump es algo despreciable y de pocos escrúpulos. Otro diario chino el Global Times apunta que los Tweets del nuevo presidente camuflan sus intenciones verdaderas: quiere tratar a China como si fuera una extremidad de un cordero y arrancarle una parte. No menos sangrante es el China Daily: ” Trump debería tomar un curso acelerado de política internacional, no moverse con visiones fantasmagóricas antes de coger el bisturí “. China debe estar preparada para contestar a los berrinches temerarios del americano, es la conclusión.

Trump continúa siendo impredecible. Habrá que ver una vez más, las autoridades chinas parecen tener paciencia, si las frases y gestos de estas semanas permanecen una vez que haya jurado y tenga la responsabilidad del poder.