Fidel, Trueba, la Reina y el lenguaje

Bastantes intelectuales y políticos españoles, un poco más los progresistas, se pirran por hacer una frase chocante, iconoclasta que hace titulares. Les apasiona.

Esto le ocurrió hace meses al cineasta Trueba cuando recibió un premio nacional. Encadenó una serie de frases llamativas e hirientes para bastantes españoles y no pocos amantes del cine. Esto, al parecer, le está pasando factura a su reciente película “La Reina de España”. La taquilla del primer fin de semana ha sido decepcionante y más de un aficionado me dice que se lo tiene bien merecido.

He vuelto a ver las imágenes de Trueba pronunciado su desdichado discursito. Me resisto a creer que el director de la muy encomiable “La niña de tus ojos” sintiera TODO lo que decía. Uno puede, en un momento de hastío, manifestar que no se siente español. Ahora bien, soltar por la boca que lo ha sentido ni unos escasos minutos en su vida, y remacharlo diciendo que le hubiera gustado que los franceses ganaran la guerra de la Independencia sólo puede ser producto de esa ansia incontrolable de asombrar, de “epatar” a los carcas del Gobierno del PP que le estaban dando un premio. A no ser que ese momento Trueba estuviera alucinando, lo que no parece, o sea idiota (estaba insultando a los que le honraban con una distinción codiciada), lo que tampoco parece que sea el caso.

Con todo, yo no creo que la fría acogida de la película sea fundamentalmente una represalia política. Hay otra razón complementaria. El film, según la mayoría de los que lo han visto, es mediocre.

Estas dos razones hacen que yo, siendo muy aficionado y prefiriendo con similares perspectivas de calidad ver una película española a una extranjera, no pasé por la taquilla de La Reina. Si no me entusiasmaron las frases de Trueba, que no están sacadas de contexto y, además, el producto tiene poco que celebrar, ¿para qué me voy a gastar nueve euros habiendo otras cintas de mejor calidad y cuyo autor no me ha pasmado?

Alguien dirá que estoy propagando el boicot a la obra de Trueba. El término es equívoco y me recuerda lo del bloqueo a Cuba propalado por el régimen cubano. El bloqueo, por el cual nadie podría comerciar con Cuba ni visitarla, no existe. Es una patraña. Hay sólo un embargo, y bastante imperfecto, de Estados Unidos. Pero que no impide a los españoles hacer turismo en Cuba, importar millones de puros habanos y a los canadienses o mejicanos venderles un montón de cosas.

No estoy, pues, haciendo campaña por el boicot a la peli. Es que yo y mi mujer no iremos a verla. Si no es una obra notable y su autor ha soltado unas frases llamativas, rebuscadamente escandalosas, que hieren a más de uno, ¿por qué no ir a ver “El ciudadano ilustre”, “El olivo”, “La jota” o, por lo que me cuentan, aunque no la he visto, “La punta del iceberg”?

Con ellas también apoyamos al cine español.