El enigma de Trump en política exterior

Parece que en el Parlamento ruso estalló en aplausos cuando trascendió que Trump había ganado las elecciones. Es sabido, además, que el presidente electo ha mantenido una larga y cordial conversación telefónica con Putin, lo que no ha hecho con otros importantes europeos. Es uno de los primeros líderes extranjeros con los que ha hablado.

Hay que estar preparados para aceptar que el meollo de la política exterior de Trump es su impredictabilidad. Asentado esto, podemos hacer conjeturas sobre el camino que emprenderá en ese terreno. Hay evidentes contradicciones. Ha manifestado que la OTAN está anticuada y dado a entender que Estados Unidos va a reducir el alcance de su promesa de garantizar la seguridad de Europa. En otras ocasiones, ha sido más cauto limitándose a señalar que los europeos tienen que hacerse a la idea de que deben contribuir más a la defensa de Occidente y a la lucha contra el terrorismo. Esta idea de que los europeos son unos gorrones aprovechándose año tras año del gasto en recursos y hombres que hace Estados Unidos es algo que viene calando en la opinión pública estadounidense y que él ha explotado en su campaña. No se le pueden poner en eso muchas pegas.

Una vez en la Casa Blanca, se percatara de que muchas cosas de las que dijo en la campaña electoral son irrealizables (¿puede obligar a Méjico a construir un muro costosísimo en la frontera?) pero no hay duda de que él parte de la premisa de que Estados Unidos debe ocuparse muy primordialmente de sus intereses. Eso de promover la democracia en el mundo, de fortalecer instituciones internacionales colmo las Naciones Unidas deja de ser una prioridad. Los países bálticos y varios asiáticos empiezan a tentarse la ropa. Hay quien sostiene que, si Estados Unidos inicia un movimiento de repliegue, Corea del Sur y Japón, así como Arabia Saudita, empezarán, aun a regañadientes, a pensar que deben tener el arma nuclear. Thomas Wright, un investigador de la Brookings Institution apunta que el nuevo presidente desconfía de las alianzas actuales, se opone al libre comercio y no se opondrá a ciertos regímenes autoritarios.

En el terreno comercial se ha pronunciado de manera inequívoca en contra del Tratado comercial entre Estados Unidos y varios países del Pacífico y parece partidario de imponer tarifas no despreciables a productos procedentes de China. ¿Podrá hacerlo? También es dudoso, la medida podría ser contraproducente al implicar, a la larga, pérdida de empleos en Estados Unidos. El existente Tratado con Méjico y Canadá ha sido asimismo vituperado por el millonario Presidente.

La elección del nuevo Secretario de Estado será parcialmente indicativa. En estos momentos suena el nombre de Giuliani el antiguo alcalde Nueva York y que, a diferencia de otros republicanos, le ha sido fiel desde que hace año y medio empezó la campaña que le ha llevado a la Presidencia. Giuliani nunca hizo el menor remilgo a cualquier exabrupto de Trump.

Veremos hasta qué punto el ejercicio del poder lo modera. La incógnita sigue. Jeremy Shapiro ha dicho: ” No creas a nadie que dice que sabe lo que hará Trump, ni siquiera aunque esa persona sea el propio Trump”.