El declive socialista europeo

PSOE

No hay nada ominoso en aceptar que la socialdemocracia en Europa está de capa caída. En declive. En Francia el gobierno socialista de Hollande pasa por horas bajas y él no está convencido de presentarse a la reelección dentro de unos meses porque tiene unas encuestas penosas. La incertidumbre del resultado, si decide presentarse, le va a tener muy concentrado en la campaña. Es posible que quedara tercero y el desempate fuera entre la señora Le Pen y el candidato de la derecha tradicional, Juppé o Sarkozy. Una vez más, el centro derecha y el centro izquierda tendrían que unirse para derrotar a la populista Le Pen. No es extraño que Hollande dijera a la señora May hace días que la fecha en que la británica plantea lanzar el proceso del Brexit en el 2017, y en el que la primera ministra quiere leche y sopas, lo va a tener a él distraído con su futuro político.

En Gran Bretaña, el laborista Corbyn cuenta con el apoyo de la militancia pero en absoluto el de los diputados de su partido o el de los votantes. No vende bien. Sus perspectivas en los sondeos también son lúgubres.

En Alemania el SPD tampoco puede sacar pecho. Su nivel de aceptación no va mucho más allá del 23%. ¿Quién lo ha visto y quién lo ve?

En España, el PSOE tampoco tiraría cohetes en unas nuevas elecciones. No es raro que dirigentes del PP en las últimas semanas suspirasen ya por unos nuevos comicios, en los que según bastantes analistas subirían mientras el PSOE se despeñaba, y Rajoy tuviera que llamar al orden a su tropa argumentando que la paralización gubernamental durante otros meses era mala para España.

La fractura socialista española, sin embargo, no se va a detener. En estos meses se ha acumulado bastante odio entre las dos facciones en que se dividió el partido. Los comentarios sarcásticos, hirientes, hacia los dirigentes de una u otra facción a cargo de correligionarios que hace una año estaban unidos no han cesado. Hay un rencor enconado en muchos de ellos.

El momento no es optimista para los socialistas europeos. Hay, con todo, algunas diferencias entre la situación en otros países y el nuestro y no me refiero ya a lo indicado, es decir a la seria división de los socialistas hispanos. La distinción, en primer lugar, está en que los españoles tienen un enemigo a su izquierda al que no saben combatir (En Francia, Austria, Estados Unidos, los grupos populistas anidan en la derecha).

La segunda es que los socialistas europeos no tienen un gordo problema territorial. Aquí existe y ante él los socialistas, de nuevo, están divididos. Esto es nefasto para ellos y para España.

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