Hillary Clinton, el mal menor

Hillary

La suerte está echada. El debate del miércoles 19 no cambiará un resultado ya ineluctable. Aunque Trump hilvanara una actuación entonada- en el anterior encuentro televisivo logró un empate frente a Clinton-, tendría literalmente que barrer a su rival para tener alguna posibilidad, remota, de llegar a la Casa Blanca. Esto no va a ocurrir. La perspectiva de tener al impredecible y peligroso Trump al frente de la mayor potencia del mundo con lo que ello implica está prácticamente difuminada. Hillary será presidenta.

La candidata demócrata es mujer de carácter. Rompiendo los prejuicios de la época se negó a adoptar el nombre de su marido, el suyo verdadero es Hillary Diane Rodham, sólo lo hizo en 1982 el día del segundo cumpleaños de su hija y en el que su marido anunciaba que se presentaría por segunda vez al cargo de gobernador de Arkansas. " No quiero dañar la carrera de mi esposo", manifestó. Fue asimismo número uno de su clase con mejores notas que Bill. Desde muy joven, 26 años, trabajó en una firma de abogados y estuvo en el equipo del Congreso, la única mujer, que estudió la inhabilitación del presidente Nixon. Cuenta asimismo con una preparación envidiable, ha sido senadora del importante estado de Nueva York y Secretaria de Estado. Es conocido su conocimiento de las cuestiones de salud y de educación, temas ambos muy caros al electorado estadounidense. Nunca ha habido un candidato a la Presidencia con mejor bagaje.

Sin embargo, no son pocos los observadores americanos que afirman con rotundidad que si la señora Clinton hubiese tenido enfrente a un adversario sin excesivo carisma pero con una cierta solidez y coherencia el camino de la Casa Blanca le habría resultado muy inhóspito, tal vez infranqueable.

Hillary Clinton despierta tales dosis de desconfianza en el estadounidense medio que muchos deducen que son las pifias, algunas garrafales y zafias, de Trump las que a la postre la van a hacer Presidenta. Las manifestaciones del millonario republicano han abierto una sima entre el y los votantes indecisos o o de centro que, en un país totalmente polarizado, son los que deciden las elecciones. Surgirán nuevas revelaciones que socavan la imagen de Hillary. La última e importante es que el Departamento de Estado intentó que el FBI echara agua a los deslices de Clinton con los telegramas secretos que enviaba, una "negligencia extrema" según una autoridad policial, y que lo logró a base de ofrecerle a la Agencia de Inteligencia que colocar a agentes en Embajadas en las que en principio estaba prohibido hacerlo. Las agencias de inteligencia de todos los países son ávidas de trufar las embajadas con sus hombres por lo que la acusación es plausible. No hará bien a la imagen de Hillary Clinton pero la mancha no es nada comparable a las declaraciones de Trump en las que ha vertido juicios insultantes para los latinos y comentarios vejatorios para las mujeres.

Son estas las que van a inclinar la balanza. Y no solo porque las mujeres americanas piensen que ya es hora de que una mujer llegue a la Presidencia, esto no bastaría, sino porque se han sentido heridas por las frases del estrafalario y machista Trump. A pesar de su terquedad, el millonario maldecirá el día que profirió conceptos groseros y denigrantes.

El reputado analista Nate Siver, que en una de las últimas lecciones acertó el resultado en la casi totalidad de los Estados, está convencido de que más que los hispanos van a ser las mujeres las que aúpen a Hillary a la Presidencia. Creo que lleva razón. Y desde Europa, igual que en España los socialistas mantienen que permitir que Rajoy gobierne es el mal menor, debemos sin duda pensar que, entre el impredecible, no preparado y visceral Trump y la "poco digna de confianza" y a veces vidriosa Clinton, tenemos que escogerla a ella. Si hay muchos terrenos en los que supera a su contrincante en el de la política exterior le da cien vueltas.

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