Putin no irá a París

Putin

En Rusia, con su control de los medios de información y su astuta explotación del nacionalismo de sus compatriotas, Putin puede engañar todo el tiempo a casi todo el mundo. En Occidente, cada vez menos.

Lo curioso es que esta vez no son los Estados Unidos los que desaprueban ruidosamente de la conducta de un líder ruso. Francia es la indignada. Putin ha debido cancelar una visita privada a París en la que iba a inaugurar un importante centro cultural con el francés Hollande. La causa es Siria.

La irritación del Gobierno galo con el ruso ha llevado a Hollande a manifestar que los que cometen determinados actos en Siria “deberían ser llevados al Tribunal Internacional de Justicia”. El ministro de exteriores Ayrault añadió que si Putin venía a Paríss, el Presidente francés le diría unas cuantas verdades, no se detendría en fruslerías. Todo ello ha producido la suspensión del viaje de Putin.

En las cancillerías occidentales las hay que optan por denunciar lo que Putin, junto con Assad, hace en Siria. Hay otras que, por diversas razones, son parcas a la hora de incluir a Rusia en los desmanes.

La conclusión interior que se abre paso, sin embargo, es funesta. La propia ONU lo ha dado a entender. Alepo está siendo bombardeada sin piedad con bombas de racimo, incendiarias... Estos terribles mazazos vienen siendo dirigidos principalmente contra la población civil. Su objetivo es vaciar la ciudad, desmoralizar a la población y obligarla a abandonarla. Los bombardeos no podrían tener lugar sin la colaboración y participación directa rusa. Los que estiran el argumento apuntan a que el objetivo de los ataques no es sólo poder ocupar la ciudad sino aumentar el flujo de huidos, de potenciales refugiados, que crearán problemas a Europa.

Es claro que para Rusia luchar contra el Isis en Siria es secundario. Los rebeldes opuestos a Assad son sus verdaderos enemigos.

Que Rusia haya lanzado el veto a una resolución francesa sobre Siria, resolución que copatrocinaba España, es lo que ha colmado el vaso de la paciencia del Elíseo. Una vez más pone de manifiesto lo absurdo del poder del veto en la ONU. Si uno de los grandes no desea que se discuta un asunto, aunque ciento ochenta de los ciento noventa y tres países que integran la Organización estén de acuerdo, la discusión del tema se paraliza.

Mientras tanto, Trump, en su estrafalario enfoque de la temática internacional, afirma sorprendentemente que Assad, Rusia e Irán están jugando “un papel positivo” en el conflicto sirio. Como en otras cuestiones, disiente incluso de gente importante de su partido. El mariscal Michael Flynn, su asesor en política internacional, había dicho lo contrario.

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