El afgano del hacha y la señora Merkel

"Soy un soldado del Estado islámico y voy a acometer una operación mártir en Alemania". La frase pronunciado por un joven afgano de 17 años armado con un hacha pone los pelos de punta.
Las cuatro personas que dejó malheridas eran turistas chinos lo que hará que el hecho tenga repercusión en aquel país. Lo grave, sin embargo, no es ese detalle, Alemania no recibe muchos turistas chinos. Lo serio es que el terrorista es un refugiado, que llevaba dos años en Alemania, trabajaba allí en una panadería y no parecía un infiltrado del Estado Islámico ni una persona que no se hubiera habituado a la vida en Occidente.
En otras palabras, para un sector creciente de la opinión pública germana, entre los refugiados, y Alemania recibió un millón el año pasado, puede surgir un “lobo solitario” asesino donde menos se espera. Una persona que ha sido acogida generosamente en el país, que no parecía radicalizada y que, de pronto, intoxicado en Internet por los yihadistas decide sacrificarse en nombre del Islam. Una carta dirigida a su padre, y que ha sido encontrada por la policía, es bastante elocuente: “Ahora reza por mí, para que me pueda vengar de los infieles y para que vaya al cielo”. Los infieles, evidentemente, somos usted y yo.
El terrorismo islámico, aparte de alarma, está originando serias divisiones en los países europeos. En Francia, donde el primer ministro Valls, muy popular hasta hace meses, fue abucheado en la ceremonia de homenaje a las víctimas del terrorismo, por una minoría, pero abucheado, algo impensable hace poco tiempo. Mucha gente opina que el gobierno es bastante inoperante después de tres atentados sonoros y muy letales en el país. El partido de Le Pen ve engordar sus votos y candidatos a la Presidencia desde la derecha, Juppé, Sarkozy, censuran al ejecutivo.
En Alemania, el problema tiene bastante calado. Fundamentalmente porque cuestiona seriamente la política de acogida de la señora Merkel. Comienzan a aumentar las puyas sobre su excesiva generosidad del año pasado. Las voces dentro, incluso, de su propio partido, sobre todo la rama bávara y en especial Joachim Herrmann, ministro del interior de Baviera, no escatiman las críticas. La repetición de un incidente macabro parecido, un joven refugiado que mata a alguien, profiere gritos de venganza islamistas… puede aumentar la radicalización entre grupos de alemanes. Ya se comenta que, para evitarla, la policía ha silenciado o minimizado, intentos terroristas similares que han sido abortados.
La polémica afecta a la actuación de las fuerzas del orden. El terrorista afgano fue abatido por agentes cuando intentaba escapar. Renate Kunast, destacado miembro del partido de los Verdes ha declarado que las fuerzas del orden tenían que haber neutralizado al criminal en vez de matarlo. El jefe del sindicato de la policía germana ha reaccionado sin pelos en la lengua. Resulta lamentable, apunta, que un incidente termine con la muerte del culpable pero la policía, ante un ataque, no puede jugar a Kung fu. Que los fiscales investiguen si la policía actúa de acuerdo al reglamento "pero no necesitamos que los diputados listillos lo hagan".