¿No dura demasiado la rabieta de Rivera?

Rivera

Que Albert Rivera le hiciera remilgos a Rajoy en algún momento en el pasado reciente podía tener su lógica. Que los hiciera a cada instante en el semestre transcurrido desde las elecciones de diciembre menos. Que centrara su ataque fundamentalmente en la figura de Rajoy en el último debate es ya una exageración. El líder de Ciudadanos ha dado la impresión de estar obsesionado con el Presidente del Gobierno. Le podían preguntar sobre el futuro de la selección español de fútbol y el joven político catalán soltaba una carga de profundidad contra Rajoy. Afirmar, basándose estrictamente en unas supuestas notas de Bárcenas publicadas en un periódico, que el Presidente recibía sobres con miles de euros del tesorero del PP es una temeridad. Los que conocen a Rajoy no lo creen y los que no lo conocen mantienen que hay que tener pruebas más sólidas que las notas de Bárcenas.

Ahora Rivera, no sabemos si como baza negociadora, sigue haciendo mohines de claro disgusto ante Rajoy. Ocurre, sin embargo, que su postura dialéctica, aunque sus escaños de cara a una negociación valgan más que nunca, se ha debilitado. Ya hace meses decir que Rajoy no había sido valiente rehusando la oferta del Rey para formar Gobierno era una falacia infantil. ¿Cómo iba Rajoy a aceptar intentarlo cuando sus dos posibles aliados, PSOE y Ciudadanos, machacaban casi groseramente que con él nada de nada?

En el momento actual, insinuar como Rivera repetía hace una semana, que mucha gente del PP estaba deseando que Rajoy se apartara y que esto facilitaría las cosas es una necedad. Rajoy y el PP detrás de él argumentarán que es raro que los peperos quisieran que se largara y ahora le han ampliado la confianza con 14 diputados más.

A los de la nueva política se les llena la boca proclamando que lo importante es España y los problemas urgentes que tenemos que afrontar. Si eso es así, ¿qué sentido tiene seguir vetando al político claramente mayor votado que los otros, y mejor preparado, y abrir la puerta a que haya de nuevo elecciones? Otros seis meses perdidos con la nube del Brexit, el déficit, el paro y otras vicisitudes.

¿Podrá Rivera mantener de cara a unas nuevas elecciones que él hizo todo lo posible para facilitar la gobernabilidad del país? Me temo que no, y a poco que sus adversarios sean hábiles en presentar el tema, en la nueva votación sufriría nuevas deserciones de votantes. El descenso del domingo atribuible al Brexit, al miedo y, según él, a la Ley Electoral encontraría ahora otro ingrediente explotable: la pataleta infantil del señor Rivera.

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