Los debates y la política exterior

debate a 4

A la hora de hacerse pupa los adversarios en el debate a 4 no escogieron la política exterior. Ni le dedicaron excesivo tiempo. Hubo, de pasada, una coincidencia parcial en ciertos temas y cuando alguien acusó a Pablo Iglesias de desvariar en la cuestión de la salida del euro y otras excentricidades, el líder podemita lo negó con la cabeza repetidamente pero, cuando llegó su turno, no cogió el guante para refutarlo frontalmente. Las coincidencias humanitarias sobre los refugiados sirvieron para que se hiciera un poco de demagogia.

Rajoy fue el que, en una breve pincelada, el tema no interesaba tampoco demasiado ni a los moderadores ni a la audiencia, esbozó determinadas líneas de nuestra política exterior, defensa de la relación trasatlántica, buenas relaciones con Marruecos y Argelia, la vertiente iberoamericana etc... El Presidente jugaba con la ventaja de estar mucho más rodado en estos temas que sus contrincantes. Rivera, en su fijación contra Rajoy, opinó que España tiene un perfil exterior más bajo que en las épocas de González y Aznar. Puede que tenga algo de razón pero no explicó cómo hay que elevarlo.

En la campaña electoral de Estados Unidos, estamos a menos de cinco meses de la votación, el tema de las relaciones exteriores será menos minimizado que aquí y no sólo porque aquel país sea la mayor potencia del mundo sino porque en la campaña se ha colado de forma rotunda el tema del islamismo y del terrorismo desde el lunes, desde la atrocidad de Orlando.

Obama es pudoroso a la hora de calificar el crimen. Trata de evitar tildarlo de islamista. Hillary Clinton hace otro tanto pero el “estentóreo” Trump ya lo está pregonando. Su propuesta de cerrar las puertas de Estados Unidos a los islamistas es un tanto endeble: los autores de barbaridades como la del lunes son frecuentemente islamistas nacidos en Estados Unidos. Dicho de otra forma, impedir la entrada de gentes procedentes de países islámicos no aborta la eclosión de lobos solitarios nacidos en Estados Unidos que juran fidelidad al Isis y, buscando notoriedad, cometen una masacre.

Las doctrinas de Trump, no obstante, encontraran no pocos partidarios. Engloban, es cierto, muchas burdas simplificaciones que pueden incluso ser contraproducentes. Demonizar, por ejemplo, a los musulmanes de Estados Unidos puede hacer aumentar el puñado de extremistas que habrá dentro de ellos. Sin embargo, el candidato republicano ha tenido hasta ahora un afinado sentido electoral. Tesis que parecían alocadas y que eran rechazadas por sus adversarios como suicidas electoralmente le han venido dando votos holgados para alcanzar la nominación republicana.

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