Junio: mes caliente hasta en el fútbol

aficionados

El mes próximo presenciará tres acontecimientos que harán correr ríos de tinta. En nuestra prensa y en la internacional. El más importante, por sus repercusiones, es el referéndum en Gran Bretaña sobre su permanencia en la Unión Europea. La pelota está en el tejado. Los británicos han sido advertidos, incluso por Obama, que su salida de Europa significará que tendrán que ponerse a la cola a la hora de renegociar los tratados existentes. El número de los abandonistas no disminuye mayormente por lo que el primer ministro Cameron repite que sus compatriotas piensen con la cabeza y con el bolsillo. Los abandonistas enarbolan dos temas pasionales, el temor a la llegada de más refugiados y el dinero que aporta Gran Bretaña a la Unión. Veremos lo que prima. Mis amigos británicos no se atreven a apostar.

Las elecciones en España, tres días más tarde, aunque menos, también interesarán. El morbo radica en la posibilidad de que los comunistoides, Podemos e Izquierda Unida, pudieran llegar al Gobierno gracias a algún pacto con los socialistas. Algunos europeos dicen que en un partido socialdemócrata como el PSOE esto sería en principio contra natura. Pero las Embajadas extranjeras en Madrid piensan, muchas de ellas, que con el PSOE de Pedro Sánchez no hay nada descartable.

Luego está el europeo de fútbol que al ser en el país vecino acrecienta la posibilidad de asistir para seguir a nuestra selección. Millones de personas en el mundo verán los partidos y se preguntan ya si todas las medidas de seguridad serán efectivas. Garantizar una total normalidad no será simple, son bastantes ciudades envueltas y miles de personas nacionales y extranjeras que se moverán. Francia es un país atractivo y varios países de alto poder adquisitivo y cercanos o limítrofes con el anfitrión se han clasificado (Alemania, Suecia, Suiza, Inglaterra, España... con lo que, a pesar de la amenaza terrorista, habrá un pleno de espectadores. Parece ser que de los dos millones largos de entradas disponibles sólo unas 30.000 no han sido adquiridas todavía.

En el terreno deportivo, Francia y España no tienen al inicio un panorama adverso. Los galos juegan contra Rumanía, Albania y Suiza y España contra Chequia, Croacia y Turquía. Asequibles, en principio, aunque, luego, el diablo las carga. Recordemos el traspié de España en el Mundial galo de 1998. En los dos países puede haber remolinos. El de la sanción a Platini no se ha apagado del todo. La suspensión de Benzema favorece a Griezman y España tiene el tema de Casillas.

Las autoridades galas no parecen arredrarse ante el azote terrorista. Van a montar zonas para visionar los partidos al aire libre. Contarán con numerosos efectivos policiales y centenares de miembros de seguridad privados. En una de ellas, de más 120.000 metros cuadrados de extensión, habrá varias pantallas enormes. El sentido de la hospitalidad y el orgullo nacional priman en los dirigentes franceses. Algo con lo que no parece comulgar la señora Colau. Aunque me gustaría ver su reacción si el equipo que se desenvolviera en Francia en Junio fuera el Barça.

Sobre el autor de esta publicación