Leicester y Trump: dos sorpresas

Leicester

Esta es la semana soñada para el club de Leicester y lo puede ser para Donald Trump que en la noche del martes al miércoles quizás atisbe casi definitivamente expedito el camino para la nominación republicana a la Presidencia.
Dos corredores que se asemejan en algo: hace nueve meses nadie hubiera dado un duro por ellos. Ningún comentarista estadounidense concedía la menor posibilidad al rubio millonario y menos aún en Inglaterra a un equipo de fÚtbol que no había ganado un campeonato en más de un siglo de existencia. Hace incluso seis meses los comentarios sarcásticos sobre ambas candidaturas persistían. “Antes volarán los cerdos” se burlaba un santón inglés.

El modesto Leicester, club de una ciudad de unos 300.000 habitantes, ha hecho ciertamente historia al tiempo que ha abierto una brecha en las finanzas de las casas de apuestas londinenses. Una de ellas, Coral va a perder casi dos millones de euros, en octubre aún admitía apuestas de 2.000 contra 1 para el caso del triunfo del Leicester, y otra, Skybet, tendrá un agujero cercano a los 6 millones. Es lo nunca visto, al principio de la temporada muchos santones aseguraban que era cinco veces más probable que Elvis Presley estuviera vivo que la victoria del Leicester en el campeonato.

El mérito de la hazaña recae hoy en el entrenador Ranieri que no había ganado un campeonato en su larga vida profesional, que al final de su período en el Chelsea ya era calificado como un “condenado en el corredor de la muerte”, era ridiculizado por el locuaz Mourinho y sobre el que el influyente The Guardian había sentenciado: “si el Leicester buscaba alguien agradable, ya lo tienen. Si buscaban a alguien que los mantenga en primera puede que hayan escogido la persona equivocada.”. Su pasado reciente no era, en efecto brillante. Lo habían cesado en la Selección griega después de que los helenos cayesen ante las Islas Feroe. Ranieri formó un equipo con retales, jugadores sin brillo, algunos procedentes de divisiones inferiores, les ha dado moral y luego ocurrió lo que acontece cuando, excepcionalmente, un mediocre gana la Liga: excelente momento de forma del conjunto, suerte y los éxitos llaman a los éxitos.

Ese es el misterio de los entrenadores, incluso de los etiquetados como sabios. Un año ganan un campeonato muy disputado, son genios, y la temporada siguiente, con un plantel parecido o mejorado, caen en el ridículo.
Mientras tanto, la prensa británica está pasmada y desmelenada. Un articulista, en The Guardian, parafrasea el párrafo inicial del “Ricardo III” de Shakespeare: “este es el invierno de nuestro descontento, convertido en verano glorioso por...” (Aclaremos que los restos de Ricardo III fueron encontrados en Leicester).

Y el ridiculizado Trump, reivindicado posteriormente como el monarca inglés, puede que se ría el último.

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