Sexo y ordinariez en la campaña de Estados Unidos

Una encuesta reciente en Estados Unidos indica que los votantes de Trump están muchísimo más deseosos que los de Hillary en meterse en la cama en la primera cita con una persona (11 veces más). El sondeo de 5.500 personas es sólo una pequeña muestra de cómo las cuestiones sexuales y la vulgaridad han penetrado la campaña electoral americana. Los fustazos verbales entre los candidatos republicanos Trump y Cruz sobre el tamaño de sus genitales han inspirado un chiste aparecido en una revista conocida en el que una señora de una cierta edad pregunta a una amiga en el momento en que entran a votar en una cabina: “¿Quién han dicho que tenía el pene más largo?”

La trifulca entre los dos candidatos republicanos que van en cabeza (Trump 736 delegados, Cruz 463) entró la pasada semana en terrenos de franca ordinariez. Alguien ha puesto en las redes una foto de la esposa de Trump desnuda, debió posar así cuando era modelo, con la inscripción: ¿Esta es la que usted quiere para primera dama de Estados Unidos? El equipo de Trump está convencido de que es un golpe bajo de los mentores de la campaña de Cruz y los insultos han llovido. El propio Trump ha afirmado que es una canallada e insinuado que ellos podrían replicar poniendo en evidencia a la esposa de Cruz. Este ha llamado a su rival mendaz y rastrero.

En el campo demócrata las cosas van mejor, la pugna es menos soez, pero no mucho mejor. Aunque el izquierdófilo Sanders ha ganado las primarias en los tres últimos estados, Alaska, Hawai y Washington, Hillary Clinton sigue destacada con 1243 delegados por 975 de su rival. Sin embargo, aún siendo claramente favorita, -Sanders es coriáceo y sus partidarios piensan que limpiaría la política yanqui, aún queda campaña y el torneo verbal continúa. Sanders parece tener una guardia pretoriana en el Internet, jóvenes universitarios progres, que vapulea con insultos esporádicos a los seguidores de Clinton. Conocidos como los Bernie Bros fustigan a los militantes clintonianos llamándolos de todo. Su misoginia se pone, con frecuencia de manifiesto, en días pasadas al hablar de las seguidoras de Hillary escribían: “sus vaginas están haciendo una elección terrible”.

Los Bernie Bros se defienden diciendo que los clintonianos son maestros en el arte de descalificar a los enemigos. Cualquier ataque a los puntos de vista de Clinton, de su pasado, de cómo financia su campaña es inmediatamente calificado de machista lo que es ridículo. Hoy en día, dice Robby Soave, las redes sociales son propensas a verter torrentes de cólera e insultos contra cualquier candidato y sobre cualquier tema: “no es machismo ni misoginia creer que la presidencia de Hillary Clinton sería un desastre para las mujeres”.

Como ocurre en España, las redes sociales han conseguido la proeza de hacer más zafio el debate político.