¡Ay, mi madre!, viene Trump

La pesadilla de los dirigentes de su propio partido parece puede convertirse en realidad esta noche o el día 15: Trump, detestado por la cúpula republicana, podría ser imparable a partir de esta fecha. Eso, para los capitostes republicanos, sería entregar la Presidencia en noviembre a la rival demócrata H. Clinton.

El panorama les resulta ominoso. El millonario chuleta va claramente delante, 82 delegados frente a 17 del segundo, pero eso es calderilla frente a lo del supermartes de hoy. Votan 11 estados, algunos con bastantes delegados como Texas (155), Georgia (58), Virginia (49). Los sondeos son tercos, cuando se cierren las urnas en la noche del martes al miércoles Trump puede haber vencido en diez de ellos y en el otro, Texas, en el que puede quedar segundo, el vencedor no sería el deseado por los gerifaltes republicanos es decir el para ellos presentable Rubio sino el también indeseado Cruz. Incluso en ese estado de la estrella solitaria Trump no se iría de vacío. El sistema de adjudicación de escaños es proporcional, lo que equivale a decir que aún quedando segundo se llevaría un buen bocado.

Trump sigue asombrando y ha acallado a los que pronosticaban que se daría pronto un batacazo, el gurú Nate Silver que predijo acertadamente el resultado de los 50 estados en la última elección presidencial, le concedía hace cuatro meses un 3% de posibilidades, hace días lo subió al 40. En las primarias celebradas hasta ahora, Trump ha pasmado. Grupos que, en principio, le deberían ser adversos como las mujeres, los latinos o los negros, sin pasarse en masa a su bando, han sido generosos con él. Entre los votantes conservadores republicanos también recoge abundante cosecha. Un buen ejemplo son los protestantes evangelistas. Más de un profeta de las encuestas apuntó que un neoyorquino que se había divorciado dos veces no tenía mucho recorrido en los votantes de esa fe en Nevada o Carolina del Sur, nueva pifia, en ambos sitios obtuvo una amplia ventaja frente al más conservador Cruz.

El partido republicano se mesa los cabellos, un tipo totalmente independiente, que no les debe nada, irrespetuoso y al que creen seguro perdedor con la demócrata. La última esperanza, cada vez más alambicada, es que en la noche del martes aparezca que la mayor parte de los republicanos aún en liza se han dado un batacazo, emerge Rubio como segundo, el partido se une detrás de él y logran noquear a Trump. Es un poco un sueño. Cruz, el tercero en los sondeos, no se va a retirar y a partir del día 15 cuando vota otro puñado importante de estados las reglas que creó el partido el año 2012 en que Romney mordió el polvo frente a Obama pueden favorecer al millonario. Con objeto de que el candidato destacado no sufriera desgaste frente a otros con menos posibilidades que dividirían el partido, los mandamases republicanos establecieron que arrancando en las primarias del 15 el vencedor de un estado conseguiría todos los delegados del mismo (“winner takes all”), nada de reparto proporcional como hasta ahora. Esto, en principio, seguiría beneficiando a Trump que a la bolsa de votos que ganará en el Supermartes de hoy añadirá bastantes de los día 15 dado que es favorito en varios de los estados que se pronuncian en esa fecha.
Si este análisis resulta cierto, el camino de Trump para conseguir los 1.237 delegados que cierran la nominación quedará muy despejado.

En el campo contrario, el equipo de Hillary respirará satisfecho, creen que el populista Trump es el más fácilmente batible. Pero no olvidemos que el año en que Reagan ganó, todos los candidatos demócratas suspiraban porque fuera él contrincante final, lo creían pan comido. Luego el californiano arrasó e hizo historia.