El alcalde es decisivo

Es sabido que la tripleta atacante del Barcelona es lo que convierte a ese equipo en letalmente efectivo. Sólo un fanático del Real Madrid podría concluir que el trío Cristiano-Benzema-Bale es más mortífero que Messi-Neymar- Suárez. Los catalanes son mucho más desequilibrantes.

A Cameron, primer ministro inglés, le ha surgido otro elemento aún más desequilibrante en su propio seno. De regreso a Londres, después de haber arrancado de sus colegas europeos un acuerdo que sin ser lo profundo que él quiere vender en su país, es cierto que quebranta seriamente uno de los principios en que está basada la Unión Europea, Cameron, satisfecho por haber saltado esa valla, ve que una de las figuras más carismáticas del Reino Unido, Boris Johnson, conservador y alcalde de Londres, se inclina por la salida de Europa.

El anuncio es un mazazo dado lo apretado de las encuestas. Parece obvio que Johnson ha obrado por motivaciones oportunistas. Ha olido que los británicos pueden optar por la salida y se ha puesto a la cabeza de la manifestación para recoger un copioso fruto: ser primer ministro. Cameron había intentado “comprarlo” ofreciéndole un puesto importante en el gabinete, casi el que quisiera, Exteriores, Defensa... pero el popular edil londinense ha hecho sus cálculos y ha pensado que no merecía la pena ser ministro dentro de un mes si puede heredar sentarse en Downing Street dentro de cuatro.

La apuesta es arriesgada pero no descabellada. Cameron se encuentra en una posición parecida a la de Felipe González en la cuestión del referéndum sobre la Otan. El español había alimentado las dudas sobre la conveniencia para España de permanecer en la organización defensiva en la que nos habían metido el tándem Calvo Sotelo-Pérez Llorca. Tuvo que rebobinar y habiendo creado un ambiente adverso hubo de batallar denodadamente para cambiar la opinión de la gente. Lo logró con apuros. Cameron fue de euroescéptico un tiempo y ahora ha de probar que las ventajas de quedarse en Europa son bastante mayores que la salida. No lo tiene fácil. A los británicos les encanta su singularidad, en su partido hay un grupo claramente partidario de la salida (¿150 diputados conservadores?) y la prensa de mayor tirada no está a favor de la permanencia. Boris Johnson podría ser quien inclinara la balanza. La derrota del sí podría provocar la dimisión de Cameron.

El paso al frente del alcalde ha puesto lógicamente un poco nervioso al primer ministro. El político conservador y antiguo titular de Exteriores Hague ha escrito que hay que respetar la división del partido y no proferir palabras altisonantes contra el adversario. Cameron ya casi violó ayer esa admonición cuando lanzó un encendido debate contra Johnson.