Siria: Rusia se fuma un puro

El drama sirio continúa. Algunos creen que no nos afecta, se equivocan. Nuestra sensibilidad debería acusar que unos 4 millones de sirios han tenido que abandonar su país y que más de 260.000 personas han muerto en su guerra civil. Dado que nos hemos acostumbrado a las tragedias que no ocurren en nuestros pagos, lo ocurrido en Siria no nos llama mayormente la atención.

Sin embargo, las secuelas del hecho sí nos afectan. La señora Merkel se encuentra en Turquía tratando de, inyectando dinero al gobierno de Ankara, parar la ola de refugiados procedentes de Siria y que acabarán creándole problemas gordos en Alemania adonde la mayor parte de los refugiados quieren dirigirse. Hay quien afirma que la actitud generosa y solidaria que exhibió hace un año abriendo las puertas germanas de par en par a los refugiados va a acabar pasándole factura. Ya hay brotado una guerra de fronda incluso en su partido cuestionando su política.
Una forma de detener la avalancha de sirios sería la de llegar a un arreglo político en el país con el que cesaran las hostilidades. Esto es lo que hilvanó Naciones Unidas hace algo más de un mes. Un plan en el que en seis meses de negociación se crease un gobierno de transición que en otros diez y ocho meses permitiera celebrar elecciones y elaborar una constitución. La resolución fue aprobada en el Consejo de Seguridad donde se sientan de forma permanente los grandes, Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia.

Esto exigía contención en los contendientes y en quien los apoya. Pero hete aquí que Rusia ha calculado que dando golpes resonantes a los adversarios de su protegido Assad éste llegaría con mejores bazas a la negociación. En consecuencia, bombardea masivamente en estas fechas las posiciones de los rebeldes. La acción de Moscú, un gobierno que debería comportarse por ser miembro permanente, ha provocado reacciones de repulsa de la señora Merkel que ha declarado estar pasmada e indignada con la conducta rusa.

Más elocuentes y significativas han resultado las declaraciones del Secretario General de la ONU Ban ki-Moon que ha responsabilizado lisa y llanamente a Moscú del colapso de las conversaciones de paz. Muy raramente el Secretario General de la ONU se atreve a señalar abiertamente con el dedo a uno de los grandes.

La comunidad internacional es muy consciente de que Putin no se anda con chiquitas a la hora de proseguir sus fines internacionales. Y poco puede hacer para frenarlo. Lo que llama, con todo, la atención es la pasividad verbal de la mayor parte de los dirigentes mundiales, la señora Merkel es la excepción porque es la que primordialmente padece la carga de los refugiados, y de los comentaristas internacionales. Cuando Bush invadió Irak, antes incluso de que hubiera un muerto, el clamor mundial de protesta se oyó hasta en Marte. Ahora que los muertos en Siria causados por múltiples factores se cuentan por decenas de miles y cuando la maniobra rusa sólo puede multiplicar el sufrimiento de esa gente el silencio generalizado es bastante clamoroso. Aunque nada menos que el señor Ban ki-Moon denuncie el hecho.