Rajoy y Sánchez no salen al exterior

En el instante en que el Presidente del Gobierno y el líder socialista se enzarzaban en su combate televisivo hacía justamente 60 años, día por día, casi minuto por minuto que España había ingresado en Naciones Unidas. El tema deja tan fríos a los españoles que Rajoy, al mencionar escuetamente los logros de su gobierno en política exterior, ni siquiera aludió a uno significativo de ellos: que su diplomacia obtuvo después de una reñida elección un asiento en el Consejo de Seguridad en el período actual.

Es que la política exterior no hace mayor tilín al electorado. La corrupción, que los dirigentes del partido socialista han logrado milagrosamente encasquetársela en exclusiva al Partido Popular olvidando los gordos casos de los EREs y de los cursos de formación, parecía rentable para Sánchez y el estado de la economía para Rajoy.
La política exterior no daba para grandes titulares ni para grandes meteduras de pata como la de Sánchez al insinuar que Rajoy había poco menos que evitado que las españolas tuvieran hijos en su mandato.

Al asomarse al exterior, hubo una cierta dosis de consenso entre los aspirantes a la Moncloa. Sánchez trató de hacer pupa con los recortes a la ayuda al desarrollo que ha efectuado Rajoy pero como en otros aspectos de sus ataques al líder popular olvidó, tal vez no intencionadamente, dos cosas. La primera que en todas partes cuecen habas, la ayuda pública al desarrollo se ha congelado o ha disminuido en la mayor parte de los países a causa de la crisis económica. Ahora está en torno al 0´28 por cien del Producto Nacional Bruto de los países donantes, muy lejos del 0´70 que preconiza la OCDE y que sólo cumplen, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo, Suecia y Gran Bretaña. Incluso países tradicionalmente grandes donantes como Francia la han reducido en los último cuatro años (en el 2014 su disminución ha sido del 9´2%).

En segundo lugar, como todo político que se queja de recortes, Sánchez no explicó cómo si quiere subir los gastos en educación, en sanidad, ciertas pensiones, la ayuda a la dependencia, suprimir el IVA cultural etc… de dónde va a sacar el dinero para la ayuda al desarrollo. No parece que esta pudiera convertirse en su prioridad.

Habría resultado interesante ver exactamente dónde se colocan los dos políticos en la cuestión del envío de efectivos militares al extranjero para luchar contra el terrorismo, posibilidad que a Rajoy le produce en estos momentos electorales una comprensible pero exagerada alergia. El Presidente, con todo parecía sugerir que pasadas las elecciones España acudiría si la llaman. Sólo lo esbozó porque el tema es impopular.

Sánchez no tuvo tiempo de desarrollarlo en parte porque él lo acaparó con el de la corrupción. El moderador tenía que haber sido más enérgico al pedir a los entrevistados que dejaran ya la corrupción y se ocuparan del tema catalán, cuestión importante donde las haya, y estuvo también demasiado cortés cuando el socialista interrumpía con frecuencia a Rajoy cuando este iniciaba su turno. No es la primera vez que ocurre en un debate pero en esta ocasión las interrupciones de Sánchez fueron demasiado numerosas y el moderador debió llamarle al orden en alguna ocasión.

Lo que habría llamado la atención en el extranjero, y habría provocado una tarjeta amarilla, fue cuando Sánchez llamó deshonesto a Rajoy. En los debates americanos, que en muchos sitios se copian, tildar a un oponente de fabulador, irrealista hasta de faltar a la verdad, pasa. Ahora bien calificarlo de crooked (que sería la traducción del desafortunado “usted no es honesto” que profirió el socialista) resultaría too much para el paladar de los yanquis.