El avión ruso visto desde Estados Unidos

El derribo del SU 24 ruso por los cazas turcos está siendo muy seguido, y en algunos casos disfrutado, por los comentaristas estadounidenses. En algunos sectores hay satisfacción porque Moscú se encuentre metido en berenjenales parecidos a los que ha sufrido Washington en el pasado y que eran contemplados con condescendencia crítica por los dirigentes rusos.

El placer de algunos ante las tribulaciones del adversario, un potente avión abatido, un comando ruso muerto cuando acudía a rescatar a uno de los pilotos etc… es menor, con todo, que la preocupación que suscita el incidente.

Los analistas estadounidenses están dispuestos a creer, en la guerra de acusaciones entre Ankara y Moscú, más a las autoridades de su aliado turco que a las rusas, hay por ejemplo el convencimiento de que el avión fue advertido más de una vez de que debía abandonar inmediatamente el espacio aéreo turco, pero temen la escalada del problema y no jalean en absoluto a su aliado.

Las especulaciones sobre la audacia turca al lanzar el misil muestran perplejidad porque Turquía tiene bastante que perder. Unos 4 millones de rusos visitan el país anualmente, son buenos consumidores, y más de la mitad del gas que necesita Turquía, casi tres quintas partes, procede de Rusia. Muchos piensan en Estados Unidos, donde me encuentro y lo veo en los programas televisivos, que Ankara se ha movido no solo por orgullo, su Ministerio de Defensa repite que las violaciones del espacio aéreo por la aviación rusa eran constantes a pesar de las protestas oficiales, sino también por otras razones. De un lado, la preferencia rusa por bombardear en el conflicto de Siria posiciones de los rebeldes que luchan contra Assad y zonas en las que viven elementos turcos en vez de concentrarse en el territorio controlado por Isis era considerado insultante. Un analista ha apuntado que resultaba demasiado burdo el justificar el bombardeo de poblaciones turcas en Siria con la excusa de que se luchaba contra el estado islámico. Por otra parte, defendiendo a esos turcos que viven en Siria, Erdogan cubre su opinión pública interna y refuerza su papel a la hora de participar en las negociaciones que esbocen el futuro de Siria después de Assad.

El conflicto no debe pasar a mayores, aunque el ministro ruso Lavrov ha anulado su programada visita a Ankara. El resentimiento, sin embargo, entre dos naciones que tienen un pasado histórico lleno de confrontaciones, en las que los estereotipos negativos del contrario están muy arraigados, aumentará.

En Estados Unidos, a pesar de la prudencia de Obama y de los estamentos oficiales, es momento de tirarle de las orejas a Putin y a la “prepotencia” que se le achaca. El general Petraeus, antiguo Jefe militar en Irak y antiguo director de la Cía., daba a entender anoche en el muy visto programa de Charlie Rose que es difícil confiar en un político que ha intervenido en Georgia, en Ucrania y que dice luchar contra el Isis bombardeando a los opositores “moderados” de Assad.

El tema, como el de los refugiados alimenta la narrativa de los candidatos presidenciales situados a la derecha del espectro político.