Bataclan y los refugiados

La masacre terrorista de París, a pesar de su enorme gravedad, sigue mostrando divisiones entre los aliados. Mientras el presidente francés Hollande habla repetidamente de que estamos en guerra la todopoderosa canciller alemana Merkel trata de evitar el término. Ha subrayado que va a ayudar a Francia en la lucha contra el terrorismo añadiendo que “vivimos de la compasión, del amor al prójimo, de la alegría de formar parte de una comunidad”. La narrativa es totalmente diferente.

Más disparidad habrá en el tema de los refugiados que sufre un giro y experimentará un previsible frenazo en las próximas fechas. El hallazgo de la huella digital de uno de los terroristas que perecieron en la sala Bataclan va a encender los ánimos. Si se prueba, como parece, que transitó hace meses por Grecia procedente de Siria y que entró en la Unión Europea como refugiado los argumentos de los que se oponen a las puertas abiertas se verán sensiblemente reforzados.

Que tenemos un deber moral de acoger refugiados que huyen de zonas atroces es obvio. Que entre ellos se nos va a colar algún terrorista es igualmente obvio aunque los “buenistas” se nieguen a reconocerlo. Nuestro ministro de Interior suscitó esa lógica posibilidad hace semanas y recibió abundantes bofetadas verbales. Diaz, sin embargo, llevaba razón. La gente del Isis es sanguinaria, canalla, pero no tonta. Saben perfectamente que en una Europa que deberá reforzar sus controles un terrorista camuflado de refugiado podrá colarse más fácilmente entre nosotros. Los del Isis incrustarán forzosamente alguno entre la masa de gente buena y desvalida que nos llega.

Las voces de alarma, en consecuencia, crecen. Algunos gobiernos, como el polaco, que habían admitido a regañadientes que les asignasen una cuota de refugiados ahora comienzan a manifestar que no la respetarán. Incluso en el país que más ha abierto las fronteras, Alemania, hay dirigentes importantes, los de Baviera, que cuestionan a voces la política de apertura. Las cuentas que harán son sencillas, en determinados días de fines de Octubre unos diez mil refugiados han entrado en Alemania. Con que uno de cada diez mil fuese un terrorista o uno proclive a serlo, en una semana habrán penetrado en el espacio europeo suficientes terroristas como para hacer una carnicería parecida a la parisina.

En Estados Unidos ocurre otro tanto. En los últimos tres años, Washington había admitido sólo 1.854 sirios. Obama prometió hace semanas que multiplicaría la cifra y que este año daría visado a 10.000. Ya había bastantes gobernadores reticentes, como los de Florida y Tejas, que se niegan a recibirlos en sus estados. París ha cambiado aún más las cosas. Hasta un candidato a la Presidencia, John Kasich, gobernador de Ohio, que se había mostrado muy compresivo con la acogida declara ya que está cambiando de opinión.

Tenemos un dilema: aún sin aceptar la postura de abrir las puertas de par en par, no podemos negarnos a recibir a varios miles de estos refugiados. Sería miserable y poco acorde con nuestros valores. Ahora bien, tenemos que ser conscientes de que deben ser cribados de forma muy laboriosa. De otra forma, estaremos admitiendo a un puñadito de terroristas. Diminuto pero suficiente para hacer inmenso daño.