El dopaje y el victimismo ruso

El victimismo es rentable. Repetir hasta la saciedad que tus males provienen de que un grandullón abusa de ti y te está avasallando produce dividendos. Ello es debido a que hay un porcentaje no despreciable de una determinada población dispuesta a creer que tus carencias, tus fallos no te son imputables sino que obedecen a la existencia de un enemigo exterior que te acecha, impide que crezcas y te humilla.

El ejemplo de Cataluña es iluminador. De todo tiene la culpa Madrid. Si no se puede pagar a las farmacias es porque Madrid no envía a Cataluña el dinero que justamente debería mandar, si la deuda catalana alcanza cifras considerables y las instituciones financieras internacionales son reacias a conceder créditos a la Generalidad es consecuencia de que la industriosa Cataluña envía cantidades ingentes de dinero al perezoso resto de España, una proporción de su recaudación que no se da en ningún país europeo donde “hay límites” a los fondos transvasados de una comunidad a otra.

La argumentación está basada en falacias y medias verdades pero lo curioso, repito, es que exista un número abundante de ciudadanos que se lo trague y se considere víctimas del “prepotente y chulesco” gobierno de Madrid.
En todas partes, con todo, cuecen habas y en Rusia la explotación del victimismo es aún peor. Putin ha logrado inculcar a una parte mayor de sus compatriotas que cualquier penuria, cualquier percance que experimenta el país proviene de la mano aviesa de Estados Unidos. Son el maligno hechicero que todo lo cocina incluso en temas que no afectan directamente a Rusia. Es una creencia extendida en aquel país que la crisis de los refugiados ha sido ideada por Washington para debilitar a Europa. En lo que toca a la propia Rusia el síndrome es más acusado. Las sanciones a Moscú cuando se zampó a Crimea y comenzó a desestabilizar a Ucrania no son consecuencia de un comportamiento incorrecto del Kremlin en la escena internacional sino de las maniobras arteras de Estados Unidos para negar a Rusia el papel importante que merece en la escena internacional. No es descabellado afirmar que un 75% de la población rusa compra esa tesis alegando que Crimea fue siempre rusa, Ucrania estuvo estrechamente unida a ella en los tiempos de la Unión Soviética, etc…Percatarse de que aunque ello sea cierto, Putin, alterando unilateralmente las fronteras y practicando injerencia en un país vecino, está quebrantando la legalidad internacional no cuenta.

Hay ejemplos más llamativos. Si la FIFA es acusada de que las adjudicaciones de los Mundiales a Qatar y Rusia no fueron totalmente limpios, que hay fundadas sospechas de que en ambos casos varios miembros del Comité que los adjudicaba fueron comprados, las autoridades rusas no vacilan en afirmar que todo es una patraña inventada maléficamente por Estados Unidos que no quieren que Rusia destaque, etc.

La última es el atletismo y el dopaje. Una investigación por una comisión independiente internacional, la Agencia mundial antidopaje (Wada) ha llegado a la conclusión de que el dopaje de los atletas en Rusia está totalmente generalizado y lo, que es peor, fomentado y organizado por las autoridades. Se indica que “cuando un atleta no quiere entrar en el juego se ve privado del acceso a los mejores entrenadores y, en consecuencia, de la posibilidad de destacar…” La conclusión es aterradora: “La disposición a hacer trampa revela una mentalidad defectuosa que está profundamente enraizada en el atletismo ruso”

El informe es devastador. Hay menciones específicas, Mariya Savinova, oro en Londres en 800 metros, habría allí corrido dopada…, afirmaciones de que la Policía de seguridad del Estado se encarga directamente de que los atletas injiriesen lo que se les pedía y se dice sin ambages que esto no habría ocurrido sin el conocimiento y consentimiento de las autoridades estatales”.

Dentro de poco leeremos en más de un medio ruso que todo es una campaña de Estados Unidos y sus aliados occidentales para domeñar a Rusia.