El misterio del Sinaí y sus consecuencias

Los interrogantes siguen en pie pasados más de dos días desde la catástrofe del avión ruso en el Sinaí.
Las hipótesis avanzadas hasta ahora parecen, en su rotundidad, claramente interesadas. Los responsables de la compañía afirman que está totalmente descartado que fuera un fallo técnico del aparato o humano de sus tripulantes. Tratan de cubrirse al máximo las espaldas ante reclamaciones de familiares de las víctimas y ante la huida masiva de viajeros que abandonarían sus servicios si se descubriese el menor atisbo de negligencia. Sería la ruina total de la aerolínea. Se aferran entonces a que el avión fue probablemente golpeado por un objeto exterior.
Las autoridades egipcias, de su lado, ven asimismo un panorama ruinoso si aceptan la tesis del atentado. El turismo representa millones para la economía del país, se estaba recuperando después de la primavera árabe, y si se expande el convencimiento de que el aeroplano fue derribado por un grupo cercano a Al Queda los turistas no llegarán. Empezando por los rusos que mandan unos tres millones al año a Egipto. Bastante más que a España. Por eso recalcan que los grupos yihadistas que operan en el Sinaí y que derribaron a un helicóptero egipcio que volaba a escasa altura no tienen, ni allá cerca, misiles con capacidad de alcanzar los más de 9.000 metros por los que se deslizaba la aeronave. No tendrían en su arsenal proyectiles como el misil ruso Buk que derribó en Ucrania al avión malayo y que ha creado un rompecabezas internacional con Moscú diciendo que los autores fueron los ucranianos y la opinión pública internacional, especialmente la holandesa de donde procedían muchas de las víctimas apuntando a los separatistas ucranianos armados por el Kremlin.

Sin embargo, dentro del misterio que rodea todo, la afirmación egipcia tiene algún agujero. Por una parte, el avión pudo ser abatido por una bomba que habría sido introducida en el mismo antes del despegue. El precedente más letal e infame es el del caso Lockerbie en que el también más de doscientas personas, fundamentalmente británicas y estadounidenses, perecieron surcando el cielo de Escocia a causa de una bomba que había colocado en el avión los Servicios de inteligencia de Gadafi. Por otra parte, aunque no en el Sinaí, un grupo afín a Al queda ya intentó con misiles de considerable alcance, dos Strella SA-7s, cometer un atentado contra un Boeing 757 israelí al poco de que despegara del aeropuerto de Mombasa en Kenia. Al Qaeda falló.

Es de desear que la tesis del atentado no se confirme. Significaría un nuevo y serio percance para el turismo y la seguridad internacionales. La admisión de la hipótesis del misil sería aún peor. Paralizaría incluso el comercio internacional. Hace un año hablando sobre este tema, el general estadounidense Petraeus que fue jefe de la CIA comentaba que “esa había sido su peor pesadilla, que un avión civil pudiera ser derribado por un misil manejado por terroristas”.

Los afganos que luchaban hace años contra el ejército soviético que apuntalaba al impopular gobierno de Kabul manejaron con relativa eficacia los misiles que se lanzan apoyándolos en el hombro y que hicieron bastante daño a los helicópteros rusos. Su alcance era reducido y algunos Estados, con Israel a la cabeza, han incorporado a sus aeronaves un sistema que los desvía. Los servicios de seguridad de todo el mundo rezan, con todo, porque los terroristas no se apoderen de otros de mayor potencia y sofisticación.