Las excusas parciales de Blair

El antiguo primer ministro británico Tony Blair, bastante fustigado en su país por su papel en la guerra de Irak, ha pedido por fin disculpas por su decisión de intervenir en aquel conflicto. Maticemos, con todo. Blair no se arrepiente del hecho en sí, no cree que fuese un error desembarazarse del sanguinario Sadam Hussein. Piensa que era un tipo canallesco, despótico y que hacía sufrir gravemente a su pueblo (“me es difícil pedir perdón por haberlo derribado”).

Blair sí formula sus disculpas por tres cosas: por haber actuado con información defectuosa sobre el tema de las armas de destrucción masiva, por no haber planeado inteligentemente lo que debían hacer las fuerzas de ocupación una vez derrocado el dictador (en este punto se está refiriendo a la catastrófica decisión del procónsul americano Bremer de disolver el ejército y el partido único iraquí y de purgar a sus dirigentes), y por no haber previsto en absoluto que Irak se podía convertir en algo totalmente caótico, inestable y fratricida. Sobre el primer e importantísimo punto, el primer ministro, que puede justamente alegar que la práctica totalidad de los servicios de inteligencia del mundo creían que Sadam poseía las armas tristemente famosas, parece olvidar que el pareció aceptar interesadamente como dogmas informaciones que en más de una ocasión eran solo leves indicios.
La confesión de Blair ha sido realizada en la cadena CNN. Curiosamente, el periodista que interrogaba agudamente al político, el conocido Fared Zakaria, había también apoyado la intervención armada cuando se produjo. Como la mayor parte de los analistas estadounidenses en la época.

Las admisiones de Blair han dado más titulares. Aceptó que no se puede descartar que la chapuza de Irak haya tenido algo que ver con el nacimiento del ejército terrorista del Isis, con lo que implícitamente se estaría responsabilizando parcialmente de la existencia de ese grupo bárbaro y asesino, pero, buen dialéctico, se defiende con argumentos de cierta consistencia. De un lado, afirma, el Isis ha surgido verdaderamente en Siria y no en Irak. De otro, continúa, la primavera árabe del 2011, habría acabado por tener su influencia en Irak y por último nada parece que funcione en el mundo árabe a la hora de introducir regímenes más o menos democráticos. En Irak se intervino enviando tropas, en Libia se intervino sin enviar tropas, en Siria no se ha intervenido contra Assad ni se han enviado tropas. El resultado en los tres casos es desolador.

Las declaraciones de Blair han aparecido en toda la prensa mundial con reacciones, sobre todo las de su país, divergentes. The Guardian, por ejemplo, sigue en su línea crítica de “ya lo denuncié hoy”. The Telegraph comprende la actuación de Blair. La locuacidad del ex primer ministro parece que ha sido una medida preventiva ante la próxima publicación del ya trasnochado informe de la Comisión Chilcott que debe ver la luz en las próximas semanas y que debe incluir partes críticas con Blair especialmente con su promesa a Bush ya en el 2002 de estar con él en la invasión de Irak algo que en aquel momento negó en público. Blair sostuvo con firmeza que la decisión la tomó más tarde a la vista de los incumplimientos de Hussein.