Una cosa es predicar y otra…

Bastantes cejas se han fruncido al ver el programa de la visita del Presidente chino a Gran Bretaña. El gobierno de Londres va a echar la casa por la ventana y parece que los conservadores británicos tan elocuentes en la defensa de los derechos humanos cuando estaban en la oposición van a soslayar totalmente el tema en estos días de la estancia del chino Li. Los británicos están encantados con que los dirigentes chinos hagan emisiones de deuda en Londres y los cortejan para que inviertan no sólo en inmobiliaria sino en centrales nucleares. Hay miles de millones flotando. En lo tocante a las relaciones con China el gobierno de Su Majestad británica no es precisamente, pues, un perrillo faldero de Estados Unidos.

El disidente ha sido el príncipe Carlos que queriendo mostrar que no se inclina ante los dirigentes de un país en el que no predomina la libertad de prensa ni la defensa de los derechos humanos decidió no asistir a la cena en honor de Li. No parece que a los chinos les importe demasiado el heredero dado que verán a la soberana y serán profusamente festejados por el primer ministro Cameron y el canciller de Hacienda Osborne.

Con Turquía hay una reacción parecida. Hasta ayer, su presidente Erdogan era mirado con suspicacia. Es autoritario y está recortando ciertas libertades en su país. La crisis de los refugiados lo ha cambiado todo drásticamente. No es ya que la Unión Europea le va a conceder una ayuda de 3.000 millones de euros. Hasta ahí la cosa es normal y justa toda vez que los turcos han recibido en tres años más de dos millones de refugiados principalmente de Siria y por magra que sea la acogida el costo tiene que ser considerable. Ahora bien, Ankara tiene cada vez más la llave para convertir la cuestión de los refugiados de un problema grave a una tragedia intratable. Si no coopera seriamente los 800.000 refugiados que Alemania iba a recibir este año se convertirán pronto en un millón quinientos mil o en dos millones. Y los demás países europeos tendrían como mínimo que duplicar la cuota (¿30.000, 40.000?) que han aceptado a regañadientes.

Ha habido que hacer otros regalos a Turquía. Desde el reabrir la negociación para el ingreso turco en la Unión Europea que estaba claramente estancada por la actitud reticente franco-alemana (sólo se había cerrado un capítulo sectorial de veintitantos) hasta el estudio de eliminar los visados a los ciudadanos otomanos pasando por el increíble caramelo de aplazar sine die la publicación de un informe de la Comisión europea que dejaba en mal lugar al gobierno de Ankara sobre su respeto de los derechos humanos.

Hay momentos, como vemos, en que los gobiernos occidentales no están para prédicas y se afilian a la realpolitik. El que esté libre de pecado…