¿Quién cae más gordo, el Barça o el Madrid?

Decía el malogrado e ingenioso Cuco Cerecedo hace más de treinta años que cuando el Real Madrid triunfaba en Europa la mitad de España saltaba de alegría y la otra mitad rechinaba con irritación. Los triunfos consistentes de un poderoso acaban produciendo resentimiento y como decía Oscar Wilde mucha gente simpatiza con un amigo en la desgracia "pero hace falta tener mucha buena madera para simpatizar con el éxito de un amigo". Esto explica parcialmente en el campo internacional el resentimiento que provoca Estados Unidos, los triunfos del coloso no son bien digeridos por el resto, Goliat suscita mas animadversión que David o que los compañeros de David.

Resulta que ahora el Barcelona despierta similares sentimientos a los del Real Madrid. Los éxitos de la era Messi lo han encumbrado a un lugar parecido y afloran la simpatía de sus millones de seguidores y la antipatía de un número asimismo abundante de hinchas de otros clubes o de gente inclinada a ver prepotencia en los dos grandes. Prueba de ello la vi el lunes el pueblo almeriense en el que estoy pasando las vacaciones. El propietario, buen barcelonista, del café más importante de la localidad había instalado una pantalla gigante en la puerta. El gol del Barça al Bilbao arranco un grito de júbilo palpable; el empate del certero bilbaíno Aduriz una ovación cerrada. Hace cinco o seis décadas cuando el Atlético de Bilbao era, en Almería y otros puntos de España, el Atlético de los leones, amado por muchos españoles, la ovación habría tenido una causa positiva, se aplaudía al que se amaba. Ahora, sin embargo, hay que concluir que no, se aplaudía al que doblegaba al que nos cae gordo. Los hinchas de varios clubes, no solo los madridistas en este caso, exultaban porque el Barça, el poderoso, el encumbrado, mordía el polvo frente a un enemigo inferior.

Varios índices, entre ellos la tirada de la prensa deportiva, apuntan a que el Madrid tiene más partidarios que el Barça en España, no sabemos si actualmente en parte por la deriva independentista que han generado sorprendentemente los dirigentes del Club catalán. Sería interesante, con todo, saber cuál de los dos tiene más detractores o gente que se refocila cuando uno u otro pierde. Son también millones.

La polarización aflorará de nuevo estos días con la expulsión y previsible sanción al barcelonista y excelente jugador Pique, una figura polémica con el que bochornosamente se meten, incluido el insulto zafio a su mujer, los ultras de varias aficiones de España. Si el jugador, como parece evidente, insulto al juez de línea diciéndole " me cago en la puta de tu madre" es normal que le caiga un castigo que no sea simplemente un partido. Una invectiva de esas características, aunque al linier se le escapara un fuera de juego, debe ser ejemplarmente sancionada. Ahora bien, la mitad de España, a poco que el correctivo abarque varios encuentros, exultara y la otra mitad opinará que se ensañan con el jugador de forma tendenciosa, que los árbitros tienen ojeriza al Barcelona y que incluso hay motivaciones políticas detrás. No faltará quien diga que es una rabieta de Madrid ante los comicios catalanes de septiembre.

No quieren entender que aquí no hay política, que fútbol es fútbol.