¿Ha Obama resucitado?

Si las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos se celebrasen en las próximas semanas Hillary Clinton sería la nueva presidenta. En estos momentos no hay ningún sondeo que no le de un mínimo de 14 puntos de ventaja sobre su rival Jebb Bush.

Otro demócrata, el presidente Obama ha entrado en el último año y medio de su mandato, cuando políticos y comentaristas indican que el Presidente es un “pato cojo”, es decir un jefe del Ejecutivo que ya no puede llevar a cabo nada importante. Los dos últimos meses, sin embargo, muestran que esto no ha sido así. Obama ha tenido varios éxitos significativos que pueden enriquecer su legado.

Para comenzar, su controvertida reforma sanitaria, que va a dar cobertura a varias decenas de millones de personas que no la tenían, ha sido refrendada por el Tribunal Supremo después que varios postulantes pretendiesen que fuera declarada inconstitucional. La votación en el Tribunal ha sido ajustada y la inclinó, en uno de sus giros frecuentes en el Supremo de Estados Unidos, su presidente el magistrado Roberts que fue nombrado por Bush y que tienen reputación conservadora. El Tribunal Supremo de Estados Unidos está polarizado entre conservadores y progresistas como los de muchas naciones democráticas, pero en aquel país a menudo uno de los que están enmarcados en uno de los bandos cruza la línea y vota de forma inesperada junto a sus “adversarios” ideológicos.

En las mismas fechas, el Tribunal legalizó en todo el país el matrimonio de personas del mismo sexo. Los magistrados han seguido el talante popular. Hace una década la opinión pública estadounidense no aprobaba esa clase de unión. La gente ha evolucionado, Obama, dudoso cuando tomó posesión, también y el Supremo lo aprueba ahora con la petición del Presidente.

El anuncio del establecimiento de relaciones con Cuba es asimismo histórico. El Congreso está dividido y aún puede causarle problemas a Obama a la hora de aprobar el nombramiento del futuro Embajador, tiene potestad para rechazarlo. La decisión del Presidente, sin embargo, subraya incluso trasnochadamente un cambio radical en la política de Washington de las últimas cinco décadas. El Presidente se ha percatado de que el mantenimiento de la ruptura era totalmente anacrónico. El embargo y la inexistencia de relaciones no servían para acabar o mudar el castrismo sino para consolidarlo. Los dirigentes castristas vendían el embargo, que ellos calificaban astuta y ominosamente de bloqueo, como algo que impedía que el país prosperara. “No se puede tener el futuro de Cuba como rehén del pasado, dijo Obama”, “es hora de que el Congreso elimine las trabas comerciales y las existentes para viajar a Cuba”. La historia le dará la razón.

Last but not least, Obama ha obtenido autorización para la recta final de las negociaciones del Tratado comercial con las naciones del Pacífico.

Obama, además, tuvo palabras sentidas y elocuentes al condenar el atentado contra la iglesia de Carolina en la que fueron asesinados un puñado de personas de color. Sin cólera pero con claridad manifestó que el racismo aún no ha desaparecido de su país. Ya en Charlotte, lugar donde se cometió el crimen, el Presidente hizo en el funeral uno de sus brillantes discursos: “dios ha concedido la gracia a nuestra nación porque nos ha permitido ver las ocasiones en que hemos sido ciegos” (Carolina del Sur acaba de eliminar la anticonstitucional bandera confederada que campeaba en ciertos edificios). La popularidad del Presidente ha subido. Su índice de aprobación es del 46%, uno de la CNN le concede 50%. El mayor de los dos últimos años.