La violación y otros tremendismos estadísticos

La tendencia a engordar o redondear las estadísticas con fines loables o partidistas esta cada vez más generalizada. En nuestro país los que describen la crisis y quieren cargar sus consecuencias en el deber del Gobierno subrayan con frecuencia cifras claramente cuestionables. La mencionada referente a los millones de parados olvida inconsciente o deliberadamente que un porcentaje no despreciable de esas personas desempleadas están en realidad trabajando en el mercado negro. El número es bastante elevado. Más chocante aun es oír que en España existen dos millones doscientas mil familias (no personas sino familias) en las que ninguno de sus miembros cuenta con ningún ingreso. La cifra parece totalmente irreal pero es manejada con alegría.

Leemos, cruzando el Atlántico, que Obama en la ceremonia de concesión de los premios Grammy afirmo que una cada cinco mujeres de Estados Unidos ha sido o ha estado a punto de ser víctima de una violación. Es conocido que en todas las latitudes muchos casos de violación no son conocidos porque las victimas piensan, a menudo con razón, que es un estigma social o porque otras tienen dudas de si ellas son parcialmente culpables por su actitud equivoca en los momentos que precedieron al detestable delito. Con todo, el porcentaje del presidente para muchos es francamente exagerado.

La declaración de Obama estaba basada en un estudio (NISVS) hecho para un organismo sanitario que indicaba que en los 12 meses anteriores un millón novecientas mil mujeres habían sido violadas en el país. El contraste con el publicado por el Bureau of Justice era chocante. Sostenía este que en los doce meses del 2012 las violaciones, en un país de 314 millones de habitantes, habían sido 350.000. En pocas palabras, el informe en el que se apoyaba el presidente daba cantidades cinco veces superiores a las que arrojaba otro organismo gubernamental, el de Justicia que había hecho la encuesta mediante 143.000 entrevistas mientras que el del organismo de sanidad había sido realizado con una cifra muy inferior, 14.000.

La disparidad es tan radical que se han buscado las causas. Una de las principales es que el primer estudio incluye también las personas, un 50% de las interrogadas, que afirman haber sido forzadas cuando estaban bebidas o drogadas y, para los críticos de este sondeo, no aclara si en esas condiciones consintieron de alguna forma. También incluye otra amplia categoría de personas que consintieron tener contactos sexuales después de que su pareja "les mintiera, les hiciera promesas que sabían que eran falsas,  amenazara con romper o con propalar rumores sobre la víctima". La categoría como vemos es muy amplia.

Esta forma de enfocar algo tan horrible como la violación muestra que multitud de hombres también se han sentido víctimas de la barbaridad. Centenares de miles de americanos en las encuestas confiesan que "han sido obligados a penetrar a alguien" sin quererlo. De ellos, solo el 17% se referían a realizar actos sexuales con otro varón. Lo que deja un 83 por cien de hombres que fueron obligados, con algún tipo de coacción, a realizar el acto con una mujer.

La equiparación entre las dos categorías, violación y obligados a penetrar a alguien, no parece correcta. El asunto global, con todo, se presta a muchas consideraciones y a que los legisladores no bajen la guardia.