Oscar: lo predecible y la igualdad de sexo

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Parece que la ceremonia de los Oscar, menos vista que en otras ocasiones, ha sido un tanto sosa. Los casi 6,000 miembros de la Academia van por libre y votan soberanamente sin presiones conocidas. Pasaron los tiempos, bastantes décadas, desde que los Estudios tenían una enorme influencia en el resultado. La votación es limpia, a veces arrojando un resultado sorprendente que causa extrañeza años más tarde, la película premiada no es siempre la mejor; refleja, con todo, el estado de ánimo de los votantes en un momento determinado.

Muy a menudo la cinta galardonada no es, ni de cerca, la más taquillera. Este año es un buen ejemplo. “Birdman” ha ingresado, en Estados Unidos y fuera, mucho menos que “El francotirador” el cuidado film de Clint Eastwood que ha tenido el estreno en el mes de enero más provechoso de la historia.

En otras cuestiones, la cosecha de este año ha tenido resultados previsibles. La Academia es ombliguista y tiene una clara propensión a seleccionar y eventualmente premiar películas que tratan del gremio. Entre los seis mil integrantes de la misma hay una proporción desproporcionada de actores y cualquier historia cuyo protagonista sea actor, actriz, cantante ya arranca con ventaja por el peso de los actores en la votación. En Birdman el protagonista es un actor de cine que se esfuerza con dudas en subir al escenario en Broadway.

Otra debilidad de los votantes, a la hora de escoger los premios para los actores, es recompensar a aquellos que representan a un disminuido físico o mental, a un borracho, un drogadicto, una mujer descarriada (el personaje de la prostituta, Liz Taylor, Jo van Fleet, Jane Fonda etc..., ha sido desusadamente galardonado). Los dos concedidos este año a los actores principales son una nueva muestra de lo apuntado: la bella y frecuente nominada Julianne Moore lo logra, en una película para muchos no muy notable, por encarnar a una persona que padece Alzheimer, el inglés Eddie Redmayne por encarnar al famoso disminuido Stephen Hawking. Las estrellas que se vuelven decididamente feas, vulgar, casi irreconocibles embutidas en un personaje también seducen a los votantes, Liz Taylor por su segundo Oscar en “¿Quién teme a Virginia Wolf?”, la despampanante Charlize Theron transformada en una ordinaria asesina en “Monster”, Susan Hayward etc...

Hablando de mujeres, Patricia Arquette, distinguida con el Oscar a la mejor secundaria, suscitó un copioso aplauso, rabioso de parte de Meryl Streep, cuando pidió que en Hollywood cese la discriminación salarial según el sexo. Es un hecho conocido y en ocasiones demasiado llamativo que los actores americanos ganan claramente más que las mujeres. Bastante injusto para los que estamos fuera. Los productores, sin embargo, tienen un razonamiento que en el país del capitalismo hace mella: los hombres son claramente más taquilleros que las mujeres. Sólo tres o cuatro de ellas, Shirley Temple, Doris Day, Julia Roberts, han estado sistemáticamente, a lo largo de varios años, entre los diez más taquilleros. Es igual en la década que contemplemos. Pensemos en la de los noventa. Los reyes de los ingresos eran Arnold Schwarzenegger, Harrison Ford, Tom Hanks, Kevin Kostner, Tom Cruise, Mel Gibson... En ese olimpo comercial sólo se sentaba una mujer, Julia Roberts y nunca en primer lugar. Aparte de tradiciones discriminatorias que se perpetúan en cualquier sociedad, incluida la yanqui, los productores razonan: esto no es un Ministerio, le pago más al que más me llena el cine.

Sobre el autor de esta publicación

Inocencio Arias

Andaluz, es un veterano diplomático con más de cuarenta años en la profesión y que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio de Exteriores con los tres gobiernos anteriores de la democracia.

Ha sido, curiosamente, Portavoz Oficial del Ministerio con la UCD, el PSOE y el PP amén de Secretario de Estado de Cooperación (segundo cargo del Ministerio) con el PSOE de F. Gonzalez y Embajador en la Onu con el PP de Aznar, etc.

Fue durante dos años Director General del Real Madrid. Ha sido profesor en la Complutense y en la Carlos III.

Ha colaborado profusamente en varias publicaciones, radio… y publicado tres libros: “Tres mitos del Real Madrid”( Plaza y Janés), ”Confesiones de un diplomático”(Planeta) y recientemente con Eva Celada “La trastienda de la diplomacia” (Plaza Janés) que ha agotado en poco tiempo tres ediciones.

Es seguidor del Real Madrid y forofo de Chejov, Mozart y Di Stéfano.