El precio de la cuerda que ahorcó a Sadam

El mercado de los “souvenirs” es vasto. Un coleccionista está dispuesto a hacer considerables sacrificios por conseguir un objeto preciado. Stefan Zweig describe con verdadero arrobo en sus memorias que el logró hacerse con un pequeño manuscrito de Mozart y con una pluma de oca que había pertenecido a Goethe al que él veneraba. Hay infinidad de ejemplos.

En nuestra época la gama de los caprichos alcanza a objetos de lo más diverso. Hace cuatro años la camiseta que el delantero inglés Geoffrey Hurst llevaba el día de la final de Wembley de 1966 en la que Inglaterra se proclamó campeona del mundo de fútbol y con la que él marcó esa tarde tres goles fue subastada por unos 3 millones de dólares. La astronómica cifra era 25 veces superior a la que él obtuvo cuando la vendió en el año 2,000.
También hace no muchos años, en 1996, Steven Spielberg pagó 607,000 dólares por la estatuilla del Oscar concedido a Clark Gable por la película “Sucedió una noche”. A raíz de entonces la Academia de Hollywood prohibió, con amenaza de procesos judiciales, la venta de tales galardones. (Spielberg había donado la estatua a la Academia como hizo más tarde con otra ganada por Bette Davis).

Ahora nos llega un caso más macabro. Un trozo de la cuerda con la que el nuevo gobierno iraquí ahorcó a Sadam Husseim en el año 2006 puede conseguir 7 millones de dólares en el mercado. El propietario de la soga, un asesor de seguridad iraquí llamado Rubaie, tiene al parecer varias ofertas que rondan ese precio. Los postulantes podrían estar en lo que podemos llamar en esta ocasión “sospechosos habituales”, es decir personas que tienen razones para odiar al fallecido dictador, una organización religiosa iraní,- no olvidemos que Sadam invadió Irán, originó una guerra de años en la que utilizó armas químicas y provocó centenares de miles de muertos-, unos hombres de negocios de Kuwait, -Sadam intentó nada menos que engullirse a ese rico emirato borrándolo del mapa-, y un millonario israelí; en ese país hay bastante gente que le tenía ganas al dirigente iraquí.

Rubaie, un chiita, cuenta que asistió con frialdad a la ejecución de Sadam. El dictador lo había encarcelado y torturado en tres ocasiones antes de que se viera obligado a exilarse. Ha contado a The independent que Sadam no mostró el menor arrepentimiento por los “centenares de miles de personas que el y sus verdugos mataron... Pude ver que no era nada religioso. Tuvimos que recordarle que dijera Dios es grande cuando estaba a punto de morir”.

El propietario de la cuerda, una parte de ella, la guarda en su domicilio anudada en el cuello de una estatua de Sadam Husseim. Pronto parece que se embolsará los 7 millones.
Hay gustos para todo.

1 comentario
  1. mozote says:

    Inocencio Arias, el "diplomático" del PP que hizo en la ONU el ridículo más espantoso que se puede hacer. Cuando en todo el mundo sabíamos que había sido Al Qaeda la causante de la matanza del 11M de 2004 en Madrid, Inocencio Arias siguiendo las órdenes de su amo Aznar o Ansar, el Héroe de la Guerra de Iraq, seguía manteniendo que había sido ETA.
    Lo que nunca cuenta es que esa guerra de Aznar contra Iraq, fue la causa y represalia de Al Qaeda contra España con 192 muertos.

    ¡Retírate ya, Inocencio. Tu opinón tiene el mismo valor que la que me da mi perro todos los días!.

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