El francotirador da de lleno en el blanco

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"American sniper", la última película de Clint Eastwood se ha estrenado con un éxito trepidante. Ha ingresado 105 millones de dólares en un fin de semana de enero. Algo que ni siquiera "Avatar" había logrado. El film rompe records en todo Estados Unidos y en toda clase de audiencias, grandes urbes, pueblos pequeños, personas de edad, jóvenes etc... La Warner y un asociado habían invertido 58 millones en realizarla; aun descontado el alto porcentaje de distribuidores y exhibidores, los productores se tienen que estar frotando las manos. Va a ser una mina de oro, previsiblemente, además, la cinta tendrá un recorrido en el exterior muy lucrativo.

El "sniper" de la película es un personaje real y reciente. Se trata de Cris Kyle un franco tirador del ejército estadounidense que en la reciente guerra de Irak tuvo un muy destacado papel en las complicadas misiones que se le encomendaron. Aunque dirigida por Eastwood, que normalmente no pincha en taquilla, el film había sido infravalorado económicamente. Ha hecho en el largo fin de semana pasado el doble de las mejores expectativas.
No hay duda de que es una buena película de guerra, es candidata al Oscar al mejor largometraje y al mejor actor (Bradley Cooper). Lo reseñable es que ya ha levantado una apasionada polémica política. Cineastas de izquierda, sin escatimar elogios hacia su calidad artística, echan pestes hacia su moralina y el mensaje que transmite. Seth Roger declara que es similar a la de la propaganda nazi y el omnipresente en la denuncia Michael Moore manifiesta: "siempre nos enseñaron que los francotiradores eran unos cobardes".

Aunque la figura del francotirador al acecho ha sido a veces denigrada en el pasado, en esta ocasión la opinión pública no parece que vaya a seguir a Moore. Figuras de la derecha, como el republicano Gingrich, lo han rápidamente lapidado: "debería pasar una semana con los terroristas del ISIS o Boko Haram" y darse cuenta de con quién nos jugamos los cuartos. El talante nacional, en estos momentos del atentado parisino y cuando los catres del ISIS amenazan con decapitar a dos japoneses si no se les entregan doscientos millones de dólares, está más bien con los que ven virtudes y aspectos encomiables en el film. Los piropos abundan. Se dice que se muestra a Kile como una persona normal que hace algo heroico, que cumple con su deber neutralizando a gente que está no solo en contra de Estados Unidos sino de la libertad. Se alega que los estadounidenses hace tiempo que no tenían un héroe nacional y ahora lo han encontrado y que las películas de la guerra reciente pasaban a menudo por alto la crueldad del enemigo que usa a niños, tortura, pone bombas en mercados o mezquitas... Esta lo hace.

El comentarista David French concluye que Eastwood ha ofrecido "a una gran nación un relato que necesitaba oír".
No es seguro, con todo, que el poco definible cineasta, una persona políticamente de derechas pero que se ha pronunciado a favor del aborto, del matrimonio entre personas del mismo sexo y de otras causas asociadas con los progresistas, guste de las etiquetas o de la identificación apresurada con ninguna causa.

Lo que está claro es que su reciente obra seguirá llenando las arcas de los productores y que, indudablemente, el envidiable oficio y técnica del director y la defensa de ciertos valores, la valentía, la abnegación, el patriotismo... hará que dé en el blanco de la taquilla de muchos países.

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