Libertad contra seguridad en la estela de Charlie Hebdo

Después de la exhibición de unanimidad de los dos días siguientes al atentando contra Charlie Hebdo comienzan a aparecer grietas en diversos terrenos.

El más importante es el del dilema libertad contra seguridad. La opinión pública estadounidense aceptó, después del 11 de Septiembre, renunciar a una pequeña porción de su libertad e intimidad con objeto de impedir la repetición de algo parecido a lo de las Torres Gemelas. Con éxito hasta el momento. Han pasado casi 14 años y la paz de Estados Unidos, ante los atentados de islamistas, sólo se ha visto turbada por el atentado de la maratón de Boston y un par de hechos aislados. En Francia ahora habrá un reforzamiento de los poderes de los servicios de seguridad e inteligencia. El talante popular después de lo Charlie Hebdo lo va a permitir.

En los demás países surgirán lógicas resistencias. Puristas, especialmente situados en la izquierda, van a defender celosamente el respeto riguroso a la privacidad, a la absoluta libre circulación etc... En Gran Bretaña, Clegg, miembro de la coalición, ya ha advertido que no va a permitir extralimitaciones legales del primer ministro Cameron. El eslogan garantista será que es inadmisible que la emergencia derive hacia la implantación de un verdadero Estado policíaco. No faltarán las citas de Orwell etc... Con todo, y como ha escrito el Jefe de los servicios de inteligencia británicos, del M15, las fuerzas del orden no pueden luchar eficazmente contra quintas columnas infiltradas en nuestros países, dado que sus integrantes tienen nuestra nacionalidad, si no se les dota de los elementos adecuados. Es imaginable que se está refiriendo a más efectivos, más capacidad de parar a gente en la frontera, más posibilidad de interceptar comunicaciones telefónicas o de Internet etc... Pensar que, visto lo ocurrido en Francia, el aparato del Estado se encuentra suficientemente preparado para detener nuevos atentados similares es estar en la luna. Habrá que implantar todas las garantías deseables pero no percatarse de que los terroristas juegan con enorme ventaja dados los corsés lógicos de un Estado de derecho es hacer el avestruz. Encontrar el equilibrio entre libertad y seguridad no será sencillo y sería deseable hallarlo sin necesidad de que otro atentado funesto nos despierte.

El número de Charlie Hebdo que saldrá mañana con una tirada de 3 millones de ejemplares (el semanario tenía hace semanas enormes problemas económicos y tiraba 60,000 copias) también crea asimismo división. La portada trae a un Mahoma con una lágrima al que flanquean dos titulares: “Je suis Charlie” y “Todo está perdonado”. Alguien comenta ya que es a la vez respetuosa e irreverente. En el lado crítico se colocan los que estiman que era el momento de olvidarse de Mahoma y de haber hecho una portada más abstracta defendiendo simplemente la libertad de expresión y condenando el atentado. Sacar de nuevo a Mahoma, se apunta, es otra provocación gratuita. En el lado opuesto se alinean los que juzgan que no sacar a Mahoma, ni siquiera en una versión no chirriante como la actual, habría sido ceder al chantaje de los terroristas. Sería como si hubieran logrado el propósito punitivo por el que actuaron. Como escribe el británico Timothy Garton Ash no se podía permitir que los terroristas te veten.

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