El Barcelona con fiebre

La prensa británica comenta hoy con alegría que Messi puede terminar pronto en el Chelsea o en el Manchester City. Por dinero no será. Magnates estadounidenses y jeques árabes, dueños de Club ingleses, no van a vacilar en desembolsar diez millones de euros más o menos en pagar la totalidad de la cláusula del jugador. Les sobra el dinero y en la locura económica del fútbol de nuestro tiempo igual les resultaba rentable pagar por el astro una cifra que roza “lo inmoral” como ponciopilotescamente dijo el anterior entrenador del Barcelona, Martino, cuando el Real Madrid abonó una cantidad desaforada por Bale.

La clave está en la voluntad del mimado, como muchas estrellas, argentino y sus intenciones son un misterio. Es reverenciado en Barcelona pero nadie sabe si está totalmente contento o le agobia existencialmente la penuria de títulos. Que dentro de unos días se le escapara el balón de oro, sobre todo si lo consigue Ronaldo, le reconcomería más y haría aumentar las especulaciones. La prensa inglesa y los oráculos estudiarían de nuevo las declaraciones del ídolo argentino en las que decía que quiere terminar en el Camp Nou pero que nunca se sabe lo que depara el futuro.

Los rumores en Londres surgen por el remolino que sacude estos días al club catalán que, no lo olvidemos, a pesar de la cacareada crisis, va el segundo en la Liga y con todas las opciones en las dos Copas. El remolino se ha llevado por delante a un barcelonista empedernido como Zubizarreta que ha tenido luces y sombras en su política de compras y ventas pero que es cesado por decir una obviedad que no debería levantar ampollas: la adquisición de jugadores en edad temprana en contra de lo dispuesto por la FIFA se hizo cuando el Vicepresidente culé que supervisaba el asunto era el actual presidente. Dicho en lenguaje paladino, si Zubizarreta fue temerario en la práctica más responsable aún de la irregularidad sería Bertomeu. Lo que trae ecos del caso Neymar, Rosell quiso hacerse el listillo camuflando cifras a Hacienda y alardeando subliminalmente de que el compraba a un genio mucho más barato que hacía su rival el Madrid, ¿pero podía Bertomeu ignorar los cambalaches del Presidente?

No se sabe si el remolino arrastrará a Luis Enrique del que precisamente mis amigos barcelonistas me comentan no sólo que es soberbio sino que el puesto le viene demasiado grande, que no ha tenido mano izquierda con el argentino etc…
Terminemos con dos conclusiones: parece ser que en la aparente crisis no ha tenido nada que ver el Real Madrid o el gobierno central, aunque en algún bar de Barcelona se conjeturará tercamente lo contrario, y, por otra parte, la enfermedad se cura con goles. Si en los próximos partidos el Barça da en la diana y el Madrid y el Atlético pifian el remolino habría pasado y el enfermo estaría curado.

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