El combate contra el terrorismo internacional y sus problemas

La comunidad internacional sigue encarando al terrorismo internacional de forma mediocre y, a veces, tardía. El mazazo del 11 de Septiembre que probó que la nación más poderosa del mundo era vulnerable fue un aldabonazo pero pasados trece años la cooperación internacional aun renquea.

Para empezar en las Naciones Unidas. Su Consejo de Seguridad ha aprobado varias resoluciones claras y perentorias en las que se conmina a los Estados a perseguir el terrorismo, cortar sus fuentes de financiación y de difusión de su doctrina y se insta a los gobiernos a la cooperación entre ellos en este terreno. Las disposiciones aprobadas son correctas pero la implementación es pobretona, el Comité contra el terrorismo funciona por consenso, lo que lo hace en ocasiones inoperante, y cuando los Estados remolonean a la hora de dar información etc… la ONU no actúa sancionándolos.

Los gobiernos individualmente suspenden también varias asignaturas. Enumeramos algunos de los fallos:

a) Hay rencillas y celos internos entre los organismos gubernamentales. La desconfianza existente entre la CIA y el FBI facilitó, por ejemplo, el atentado de las Torres Gemelas.

b) Hay egoísmo en los Estados. Francia fue, esto daría para un libro, cicatera y pasota en la ayuda a España cuando nos azotaba ETA, ahora Turquía, por temor al resurgimiento kurdo, es ambigua a la hora de luchar contra el ISIS etc…

c) Hay apoyo indirecto y pasividad a la hora de condenar a los malhechores. Gente adinerada de países del Golfo o de Arabia saudita ha apoyado financieramente a grupos con posibles implicaciones perversas y, sobre todo, los creadores de opinión de muchos países islámicos, analistas, políticos, líderes religiosos… son lentos o tibios a la hora de deslegitimar los atentados o la mera existencia de grupos terroristas en su seno. No claman diciendo que esos grupos no son el verdadero Islam ni están interpretando fielmente el Corán.

d) Hay disparidad en tratamiento de temas capitales, por ejemplo el de los rehenes y su rescate. Ciertos países occidentales no entran en negociaciones, otros lo hacen, España, al parecer, y se avienen a pagar. La cuestión es capital. Hasta recientemente, los rescates eran la principal fuente de financiación de varios grupos terroristas islámicos. El pago tiene consecuencias nocivas: hay un efecto llamada, surgirán más grupos terroristas que descubren una rentable fuente de financiación y es obvio que el dinero obtenido no será destinado a causas benéficas sino a preparar otros atentados.

e) En los países occidentales, la existencia del Estado de derecho traba la actuación de los servicios de inteligencia. El caso Snowden ha puesto de manifiesto la sensibilidad de la opinión pública cuando cree que se está atentando contra su vida privada. Los servicios de Inteligencia se ven considerablemente trabados y no es fácil trazar la raya divisoria entre privacidad y seguridad. El jefe de los servicios de espionaje electrónico de Gran Bretaña decía recientemente en un artículo en el Financial Times que “la privacidad nunca ha sido un derecho absoluto”. No le falta razón dada la amenaza del Estado islámico y su quinta columna que tenemos en todos los países. Snowden, con todo, se lo ha puesto cuesta arriba.

Sobre el autor de esta publicación

Inocencio Arias

Andaluz, es un veterano diplomático con más de cuarenta años en la profesión y que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio de Exteriores con los tres gobiernos anteriores de la democracia.

Ha sido, curiosamente, Portavoz Oficial del Ministerio con la UCD, el PSOE y el PP amén de Secretario de Estado de Cooperación (segundo cargo del Ministerio) con el PSOE de F. Gonzalez y Embajador en la Onu con el PP de Aznar, etc.

Fue durante dos años Director General del Real Madrid. Ha sido profesor en la Complutense y en la Carlos III.

Ha colaborado profusamente en varias publicaciones, radio… y publicado tres libros: “Tres mitos del Real Madrid”( Plaza y Janés), ”Confesiones de un diplomático”(Planeta) y recientemente con Eva Celada “La trastienda de la diplomacia” (Plaza Janés) que ha agotado en poco tiempo tres ediciones.

Es seguidor del Real Madrid y forofo de Chejov, Mozart y Di Stéfano.