Paja y trigo en la “consulta” de Cataluña

Está claro que los dirigentes catalanes han quebrantado lisa y llanamente la Constitución, ha habido desobediencia, malversación al utilizar dinero público… Esto es incuestionable. Los que afirman que alguien que birla a Hacienda ochocientos euros puede recibir un varapalo gordo mientras que el gobierno de la Generalitat catalana puede impunemente hacer trizas la constitución no andan desencaminados.

También es obvio que no se trata de que Rajoy sea un calzonazos sino mucho más plausiblemente que ha decidido hace tiempo no hacer el menor gesto que pueda fomentar el fácil victimismo catalán. Mas y los suyos, con su aparato mediático, tardarían poco en convencer a un nuevo conjunto de catalanes de que Madrid los humilla. Más de un puñado lo creería. El gobierno se encuentra en una difícil tesitura: sus votantes y muchos ciudadanos que ven la Constitución como algo sacrosanto lo tildan de cobarde y pastelero. Paralelamente los portavoces de Mas, como vemos en lo que cuentan a la Prensa extranjera, lo tachan de duro (!!), de hacer anticatalanismo para ganar votos en el resto de España (!!) de inmovilista y de sofocar a Cataluña. Oír que Rajoy es muy duro con Cataluña es algo que da risa a bastantes españoles pero, lo creamos o no, es lo que se oye en ciertos sitios de Cataluña y lo que se lee en la prensa extranjera cuando, para sazonar un reportaje, se entrevista a algún independentista catalán. Vivir para ver.

Es asimismo diáfano, aunque no lo sea para bastantes catalanes y sólo parcialmente para ciertos órganos de información extranjeros, objetivos políticos, los dos, a los que Mas quería llegar, que la consulta estaba viciada desde todos los puntos de vista. No sólo no parece legal sino que ciertos detalles como que Oriol Junqueras fuera presidente de una “mesa” parecen salidos de una película cómica italiana o de la imaginación de Gila.

Tampoco hay que olvidar, el dato es muy iluminador, que aunque Mas saque mucho pecho y haya obtenido un buen balón de oxígeno, la participación no ha sido escandalosa. Que con un censo intencionadamente engordado,- inclusión de los mayores de 16 años y de los residentes extranjeros-, la participación haya sido de un 32% indica que había una mayoría de catalanes que no han querido entrar en el juego. El porcentaje cuestiona el calificativo de clamoroso utilizado por Mas para mostrar al “pérfido” Madrid la voluntad de los catalanes. Dado que los independentistas han debido acudir sin un fallo es muy significativo que unos dos tercios de los residentes en Cataluña no hayan ido a votar.

Aclarado esto, también es inequívoco que el Gobierno y España tienen un problema y gordo, hacer el avestruz es una locura, repetir que Mas se va a cubrir de ridículo es algo irrelevante. Que un millón ochocientos mil catalanes, si es que las cifras son confiables, lo que nunca sabremos, se pronuncien por la secesión es algo muy serio. Al ritmo actual, la cifra puede crecer.

Y Mas difícilmente se va a apear del caballo. En su huida hacia delante, él sabrá por qué la inició, podía haber mostrado prudencia. No lo ha hecho. Manifiesta desafiantemente que él es el responsable del desafío legal y, similarmente significativo, pudiendo aparecer sonriente votando ante las cámaras de televisión, da un paso más: muestra abierta su papeleta en la que se refleja que ha votado por la independencia. Gesto que si estuviera en plan componedor se podía haber ahorrado.

¿Va a recular ahora? En mi opinión, no, y si lo hiciera sería estrictamente un frenazo provisional.

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