El islamismo y el lenguaje políticamente correcto

La enésima barbaridad de los yihadistas, la lapidación esta semana de una mujer acusada de adulterio, te plantea una vez más la duda de cómo calificar a estos fanáticos fundamentalistas que se amparan disparatadamente en las enseñanzas del Corán. ¿Cómo puede uno calificarlos? ¿De extremistas islámicos? ¿De fundamentalistas islámicos? ¿De bárbaros musulmanes? Por mor de la brevedad puedes aparentemente incurrir en generalizaciones no deseadas.

Hace unos días en un programa de la televisión estadounidense, el presentador, un conocido y socarrón periodista llamado Bill Maher al comentar otra atrocidad de los yihadistas del Estado islámico se despacho diciendo que ” el Islam es la única religión que obra como la Mafia, que te matara si dices algo que no les guste, si dibujas algo que no les gusta o escribes el libro que no les gusta”. El presentador estaba aludiendo, de un lado, a las condenas a muerte de Salman Rushdie por los ayatolás de Irán por haber escrito un libro considerado blasfemo, lo que obligo al escritor a vivir en la clandestinidad durante años, de otro, a la polémica suscitada hace años por la publicación en un diario danés de las caricaturas de Mahoma, menos hirientes que otras publicadas en el mundo occidental sobre figuras de la religión cristiana, o a cualquier exabrupto amenazador lanzado por algún grupo islámico hacia alguien que ha dicho algo incorrecto según los parámetros del que amenaza. Hay diversos ejemplos.

A Bill Maher le salió respondón el cineasta Ben Afleck que se encontraba en el programa. El actor y director del estupendo film “Argo” salto rápidamente puntualizando que las afirmaciones del conductor del programa eran “groseras, ordinarias y racistas”.

La definición de Maher, al generalizar y confundir un pequeño sector con la totalidad del islam, era del todo desafortunada e injusta pero el hecho es que el sulfurado objetante Affleck no parecía admitir se emplease el adjetivo islámico ni siquiera con el sustantivo reductor de terrorista, fundamentalista o extremista. La mera aposición del término islámico o musulmán resultaba racista y denigrante. El incidente ha provocado una reflexión en varios medios de información estadounidenses. La mayor parte de ellos siguen la retórica empleada por Bush cuando inicio su ataque a Al Queda y que luego ha sido reproducida por Obama, Hollande, Cameron y otros líderes occidentales. Todos ellos han reiterado hasta la sociedad que el Islam es una religión respetable, amante de la paz etc… y que los talibanes violentos o los del Estado islámico son unos fanáticos descarriados que constituyen una ínfima minoría de los creyentes en la religión de Mahoma.

Sin embargo, hay otra corriente de opinión que sostiene que simplemente escribir islámico inmediatamente después de hablar de los extremistas o de los desalmados es racista, divisorio y desestabilizador. Los escrúpulos de estos son comprensibles aunque, a la hora de describir una situación, un tanto irrealistas. Uno ha dicho siempre los nazis de la Gestapo o los nazis germanos o los esbirros de la KGB sin detenerse a matizar” “aquellos nazis alemanes que eran intrínsecamente perversos”. Ahora resulta complicado, al describir la degollación de un periodista americano o la conversión forzada bajo amenaza de muerte de un cristiano de Irak, el escribir algo así como ” crimen perpetrado por un grupo de extremistas yihadistas que dicen practicar la religión del Corán y en realidad la están tergiversando perversamente”. Uno, teniendo todo el respeto por el Islam, está tentado de escribir, “los terroristas islámicos han cometido…” Y uno no quiere ser racista ni descalificador.

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