Cuando no entra la pelota…

En política, con frecuencia, los adversarios de un gobierno le atacan por una cosa y la contraria. Hoy, el ministro Montoro es acusado por la ex novia del hijo de Pujol y por ciertos sectores de izquierda de connivencia con el antiguo Presidente de la Generalitat, de blandengue. Montoro, según estos críticos, lleva el tema del fraude del patriarca Pujol al parlamento pero se queda ahí. No revela cifras ni precisa la naturaleza de los delitos. Simultáneamente, los representantes de Convergencia en las Cortes denuncian indignados que Montoro se cebara con el caído político catalán y que el ministro tuviera la desvergüenza de insinuar que Mas tenía que estar en el ajo del desvío de fondos, es decir, que en las tropelías fiscales de Pujol también estaría envuelto su sucesor. El espectador no sabe a qué carta quedarse, la del Montoro artero que pacta de tapadillo con Pujol o la del Montoro chuleta y vengativo que lanza dardos en el Parlamento a los políticos catalanes. (Que estos, presumo, indudablemente utilizarán para cultivar el victimismo).

En el Real Madrid ocurre otro tanto. Los comentarios sobre la directiva están también en los dos extremos, sólo que aquí han tenido un paso cronológico del ecuador. Hasta el partido contra la Real Sociedad, todo eran plácemes y felicitaciones. El Club había hecho unos fichajes fantásticos, estelares, se salía del planeta y la marcha de dos jugadores prácticamente emblemáticos era considerada normal (el descomunal Xavi Alonso, se decía, empezaba a estar en declive, y Di María era un rebelde encubierto que pedía demasiado dinero).

El mazazo de Anoeta ha cambiado todo. El Madrid hizo unos pésimos sesenta y cinco minutos, lento, desbordado continuamente, con un centro del campo vaporoso, pero si los blancos hubieran rematado a los vascos con el tiro al travesaño de Sergio Ramos la hinchada blanca seguiría instalada plácidamente en la satisfacción. Hoy, que esa pelota no entrara nos trae un panorama de llanto y crujir de dientes. Y,sobre todo, de cuestionamientos. ¿Los fichajes han sido adecuados? ¿Vale James lo que se ha pagado por él? ¿Puede el campeón de Europa jugar con un centro del campo mediocremente correoso con Kroos, Modric, James…? ¿Era mejor quedarse como estaba?

Los cuestionamientos pueden agravarse. Sobre todo, si el Atleti da a los merengues otro berrinche en el partido de dentro de diez días. El encuentro no es, para los blancos, uno más.

 

 

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