El enfermo iraquí no mejora

En el conflicto de Kosovo de hace más de una década, Europa estaba atónita, horrorizada ante los desmanes que el serbio Milosevic perpetraba en esa entonces parte de Yugoslavia. Las pruebas de que en Kosovo se estaba realizando una limpieza ética, a fines del siglo XX y en la propia Europa, eran una afrenta.

Europa, sin embargo, no tenía las agallas ni los medios para parar esa barbaridad sin incurrir en un costo elevado en dinero y hombres. Hubo que recurrir a Estados Unidos cuya aviación podía doblegar al autócrata serbio con un costo reducido en vidas humanas.

Ahora se repite el guión con Irak. No se trata ya de que a Occidente llegan imágenes atroces de fusilamientos masivos de soldados regulares iraquíes a cargo de los extremistas de Isis. Esto un cínico lo podría aguantar y mirar para otro lado. Se trata de que hay en juego un problema geopolítico de mayor magnitud. Los fundamentalistas de Isis, ¿unos diez mil?, contenidos con dificultad no muy lejos de Bagdad se acercan a la capital y convencidos de que deben crear un nuevo califato religioso que borre las fronteras de Irak, Siria, Líbano etc… pueden no sólo quebrar a Irak en tres porciones sino, repetición de lo que acontecía en Afganistán, montar una amplio santuario de terroristas desde el que se pueda conspirar y montar operaciones contra los infieles de Occidente. Aunque Irak, en frase de Kerry, se enfrenta a una amenaza existencial, el problema nos afecta a todos. Un estado fallido lleno de fanáticos fundamentalistas es un peligro para nuestra seguridad. España, precisamente, no está en la última línea de fuego.

Se pide a Obama que actúe. El Presidente estadounidense, como hemos esbozado en estas líneas, no lo tiene fácil. Estaba contento de haber salido del cenagal iraquí y ahora se le insta a que vuelva. Dado que la causa principal de que los despiadados integrantes del Isis hayan avanzado vertiginosamente por tierras iraquíes es la complacencia o pasividad que han encontrado entre los miembros de la comunidad sunita, mayoritaria en el terreno que se mueven, por la política decididamente sectaria y excluyente del chiita Maliki que manda en Bagdad, ayudar a éste a expulsar a los fundamentalistas no parece que resulte nada apetitoso. Abandonarlo del todo, por otra parte, es optar por un posible desenlace más oneroso, es decir propiciar el triunfo de los terroristas.

Washington ya ha enviado 470 tropas de combate y parece que están asimismo llegando unos 200 especialistas en inteligencia americanos. Si los contingentes del Isis siguen operando en campo abierto la información que proporcionen los especialistas puede ser útil para eventuales certeros bombardeos.

La medida y la reanudación de la venta de algunos misiles a Bagdad no bastarán. Será preciso que alguien, ¿Arabia Saudita?, influya en los clérigos y dirigentes sunitas para que estos hagan el vacío alrededor del grupo invasor del que se comenta que aparte de contar con unos millares de hombres enfervorizados se ha hecho, desvalijando los bancos de Mosul y con otras operaciones, con 2 mil millones de dólares.

La operación quirúrgica en Irak puede hacer extraños compañeros de cama. Tanto Irán, el enemigo con el que no hay relaciones, como Rusia, al adversario revoltoso de los últimos tiempos, han manifestado que apoyan a Irak y que le prestarán ayuda. También tienen que temer el florecimiento de una entidad controlada por fundamentalistas violentos del cariz del Isis.

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