Otro duelo entre Londres y Europa

La reunión de los dirigentes de la Unión europea del miércoles y jueves va a ser más tempestuosa que en otras ocasiones. Estos mítines se prolongan a veces hasta altas horas de la madrugada, la Presidencia a menudo trata de arrastrar a los irreductibles gracias al cansancio.

En esta ocasión habrá un primer asalto capitaneado por una Francia que ha perdido peso en la Unión. Hollande, con el apoyo del italiano Renzi y de algún otro socialista batallará por acabar con la política de austeridad que viene propugnando la poderosa señora Merkel. Piensa que ha llegado el momento de iniciar otra en que prime el crecimiento, el relanzamiento en definitiva de la economía. No es seguro que la canciller teutona ceda en esta cuestión de principio pero el bando de Hollande, en el que Renzi parece el más belicoso y revolucionario al pedir un cambio pronto y profundo, guarda una baza visible como moneda de cambio, la de apoyar el nombramiento del conservador Juncker a la cabeza de la Comisión sustituyendo a Durao Barroso. La izquierda votaría así a un conocido rival ideológico

Ahí entra en escena, el británico Cameron. Ha forcejeado sin cesar para impedir que Juncker alcance ese puesto al creer que sería nefasto para las aspiraciones de Londres para cambiar la Unión reduciendo el poder de Bruselas etc… La postura de Cameron, como ha puesto de manifiesto nuestro secretario de Estado Iñigo Méndez Vigo, no deja de ser paradójica, se queja de que en Bruselas gobierna una burocracia no electa y, sin embargo, cuando por primera vez se pretende aupar a la cabeza de la Comisión al político propuesto por el grupo más votado en las elecciones europeas se rechinan los dientes y se ponen toda clase de trabas. En definitiva, Cameron, fiel a la política de su país, no quiere ceder competencias a los órganos europeos, razonando posiblemente que ello hará crecer el euroescepticismo británico y aumentar el número de partidarios de la salida de Londres de la Unión Europea.

Cameron había apostado por la comprensión de la señora Merkel. La alemana ya manifestó en su Parlamento que era una ligereza el empujar a Gran Bretaña a darle un portazo a Europa. La impresión, con todo, es que el inglés ha sido un tanto voluntarista. La alemana no quiere dar argumentos a los antieuropeos de Gran Bretaña, tiene incluso algunas coincidencias en el terreno económico con Cameron pero no el político-europeo.

Sabe que sus compatriotas, sobre todo los socialdemócratas, miembros de su coalición, no quieren escabullirse de aceptar que el peso del Parlamento europeo ha sido reforzado y que hay que resignarse a que el más votado en él presida la Comisión. La prensa teutona tampoco está por la labor de comprar el chantaje de Cameron y ha lanzado advertencias a Merkel para que no ceda.

Con Cameron habiendo programado un referéndum sobre la pertenencia a Europa es posible que dentro de unos años digamos que a finales de junio del 2014 se pusieron las bases para la separación de Gran Bretaña de una Comunidad en la que nunca ha estado cómoda. La victoria del partido británico Ukip en las recientes europeas es buena prueba de ello.

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