¿Quién perdió Irak?

A finales de los cuarenta hizo fortuna en Estados Unidos la frase “¿quién perdió China?” tratando de explicar cómo había sido posible que el comunista Mao Tse Tung se hiciera con el poder obligando a los aliados de Estados Unidos a refugiarse en la isla de Formosa, ahora la muy próspera y poco reconocida diplomáticamente Taiwan. Las recriminaciones volaron.

Ahora se recrudecen espectacularmente con Irak donde Estados Unidos ha sepultado un billón, (billón con b), de dólares y en donde más de 4,000 jóvenes americanos han perdido la vida. El país ha entrado crecientemente en una abierta guerra civil y los políticos estadounidenses se hacen cruces al ver que un grupo armado fundamentalista, con presumiblemente unos efectivos de sólo dos mil guerrilleros, ha puesto pies en polvorosa a la guarnición, muy superior en número, de la segunda ciudad del país y se ha apoderado de una franja importante y rica de la nación. Miles de chiítas huyen de esa zona ante el avance de los fundamentalistas sunitas y en la capital, de preponderancia chiíta, los sunitas minoritarios se marchan o se refugian en barrios en que se sienten más arropados. Lo peor, se dice, está por venir.

Los partidarios, en número decreciente, de la intervención de Bush en el 2003 sostienen que todo se torció después. Los procónsules yanquis del primer año de la ocupación decidieron desmantelar al ejército iraquí y purgar a la inmensa mayoría de los funcionarios de un determinado nivel. Esta sería la primera causa de resentimiento entre los damnificados que irían a alimentar la guerrilla. Muchos de ellos eran sunitas.

El triunfo de Maliki en las elecciones supervisadas por la ONU y Estados Unidos resultaría funesto. Los americanos lo apoyaron porque salía de las urnas y lo elevaba al poder la mayoría chiíta existente en Irak y que había estado sometida en la época de Sadam Hussein. El sujeto, con todo, salió rana. Su corrupción y sectarismo, nombrando chiítas y marginando sunitas, es monumental y se extiende a todos los niveles. Uno de ellos, el ejército que cuenta en teoría con 1 millón de hombres, se ha tragado 30.000 millones de ayuda americana y ha sido incapaz de parar a los insurrectos.

Luego, contraatacan los republicanos, están los errores de la Administración Obama. Primero, no ha ayudado propiamente a los rebeldes que luchaban en la vecina Siria contra el autócrata Assad. Eso ha producido un vacío militar que ha sido llenado por los extremistas de un grupo ahora escindido de Al Queda que han terminado entrando en el desguarnecido Irak creando los problemas que conocemos. En segundo lugar, Obama habría metido la pata anunciando la retirada sin condiciones de los soldados yanquis en una fecha determinada lo que era alentar a la acción de grupos extremistas. Los defensores de Obama, entre ellos Hillary Clinton, sostienen que sin el consentimiento de Maliki las tropas no podían quedarse.

Ahora Maliki quiere que los americanos vuelvan aunque sea para pulverizar a los insurrectos desde el aire. Obama duda hasta dónde debe llegar. Parar al extremismo, es vital ayudar a un contumaz corrupto y sectario es un lastre.

Mientras, Irak marcha hacia la partición en tres trozos y la zona está casi peor que nunca para nuestra tranquilidad occidental.

Sobre el autor de esta publicación