¿Un buen Felipe VI?

En la época en que Don Juan Carlos subió al trono los comentarios irónicos, las cuchufletas, las dudas sobre su idoneidad y posibilidades corrían como la pólvora. En España izquierda y franquistas lo tildaron rápidamente de “Juan Carlos el breve”, y fuera hasta Mitterrand se permitió hacer un comentario descendiente y despectivo sobre su problemática duración en el poder.

La inminente entronización del príncipe Felipe trae un menor cuestionamiento pero no faltan las dudas espontáneas y las interesadas, de diverso signo. Desde las que apuntan a que Don Juan Carlos tuvo mucha habilidad en los momentos adecuados y su hijo no es seguro que se desenvuelva igual hasta los que señalan que se desconocen los méritos del Príncipe, ¿Qué es lo que ha hecho aparte de leer discursos preparados e inaugurar cosas?, y no se sabe por qué habría que confiarle toda una Jefatura del Estado.

A muchos escépticos habría que recordarle que nuestra constitución consagra la Monarquía y que ésta el hijo hereda al padre sin quebrantar los procedimientos legales. Más enjundia tiene la pregunta sobre la capacidad del heredero. No acabo de entender las razones de su cuestionamiento: tiene 46 años, edad más avanzada que la que tenía su padre en 1975, y está claramente más preparado y placeado que Don Juan Carlos en la fecha citada. Ha tenido una mejor formación, se ha pateado España y nuestra Administración y ha hecho más de 100 viajes, rentables, al extranjero.

He viajado con el Príncipe en diversas ocasiones, Don Felipe es un verdadero experto en Iberoamérica, y he constatado que es responsable, de acertado criterio y muy consciente de cuál es su papel. Estoy convencido de que será, como lo fe su padre, escrupulosamente neutral en el juego político, y defensor de la Constitución aceptando el limitado papel que ésta le otorga. En el extranjero cae muy bien, tiene bastante más sentido del humor de lo que dicen algunos y posee un inglés envidiable.

A los que se echan a la calle pidiendo la república yo les diría que vayan a las urnas y voten a formaciones que prefieran esa opción y aborden entonces la reforma de la Constitución. Pretender montar ahora un referéndum, con la que está cayendo en España, no parece conveniente ni estabilizador.

Don Felipe puede salir malo, mediocre, bueno o muy bueno. Pero ¿por qué suspenderlo de antemano cuando muchas cosas que indican que está preparado para sacar buena nota y contribuir a que España progrese en paz?

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