Divisiones y más en el fútbol

Las elecciones europeas han enseñado, entre otras cosas, que el escepticismo y el descontento con Bruselas, llevan a una profunda división de Europa. El avance espectacular de los antieuropeos empujara a los partidos en el poder en varios países a gobernar, asustados, teniendo en cuenta lo que aquellos propugnan. No por estar convencidos de que sea bueno sino porque temen que los antis les sigan robando votos. Las divisiones nacionales se reproducen en los partidos perdedores, Rubalcaba, con palpable regocijo de bastantes de sus colegas, hace mutis. En Francia, Cope dimite con acusaciones de corrupción que quizás habrían sido sorteadas si las urnas europeas le hubieran sido favorables. Muchos liberales en Gran Bretaña piden la cabeza de su líder Clegg. Amigos catalanes convergentes se pregunta hasta donde va a llevar Mas al partido… y podríamos seguir.

La final de Lisboa en nuestro país, bajo una aparente placidez por el encomiable comportamiento de las dos hinchadas, profundiza también en las fracturas. Ha sido quizás esta la primera ocasión en la historia reciente en la que los partidarios de que el Real Madrid se diera un batacazo eran claramente muchos más que los que deseaban que ganara la Copa. El Madrid tiene muchos seguidores en España, el que más, pero en esta oportunidad su número palidecía ante la suma de los que ya tiene el Barça, deseosos sobre todo los residentes en Cataluña de que en el césped del Bernabéu crezca la sal de tal forma que produzca alergia y vómitos entre los jugadores blancos y no entre los del equipo visitante, los del Atlético de Madrid y un contingente numeroso de españoles, no solo de hinchas, que abrazaban la imagen de David frente a Goliat o que simplemente están hartos de que el presupuesto de los dos marqueses del futbol, Barcelona y Madrid, imponga su ley año tras año en la obtención de títulos.

He viajado por diversas ciudades españolas en estos días promocionando mi libro “Mis mundiales” y me ha pasmado la cantidad de seguidores del Atlético, reales o coyunturales, que habían brotado en estas fechas. Lo curioso es que varios de los coyunturales, por reservas o tirria hacia el grande, se habían convertido en viscerales. Sorprendente.

Casi me atrevería a decir que, a pesar de su impecable y justo triunfo, el Real Madrid ha cosechado casi tantos escépticos y antis como simpatizantes con su victoria. Solo hay que recorrer las redes sociales para ver como se crucifica a Ronaldo por quitarse la camiseta, “algo humillante (?) para el rival”, “lo de Varane”, que yo no sé lo que es, también se insiste en que es increíble, Florentino habría pagado al árbitro holandés para que prolongara los minutos postreros, esta tesis debe hacer estragos entre algunos seguidores culés siempre propensos a razonar que ellos ganan en el campo y el Madrid en los despachos, y en definitiva el Real Madrid con su forma (?) de ganar ha demostrado que es un prepotente… ¿Pero, qué querían, que pidieran perdón en la catedral de la Almudena por triunfar con normalidad?

La gente está irritable e inclinada a mirar con recelo a todo lo que huela al sistema (el Madrid en la mente de muchos está identificado demagógicamente con el mismo) y esta es una ocasión en que el tópico manido de que el deporte une muestra que es solo eso, un tópico.

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