Caen cabezas en la prensa mundial

La desafortunada frase de Arias Cañete ha proporcionado un tema sabroso a su contrincante. Que la señora Valenciano se aferre a repetir la salida infeliz de su contrincante y recurra poco a otros temas que deberían interesarnos más, prueba lo inane del debate europeo en nuestro país y la demagogia que nos sacude. Cañete tuvo una frase paternalista, desdichada, pero de eso a deducir que el PP, con una retahíla de cargos femeninos, es un partido preñado de antifeminismo hay un abismo.

Pero las acusaciones de machismo no son privativas de España. En Estados Unidos los propietarios del muy influyente New York Times han cesado después de unos meses en el cargo a su flamante directora Jill Abramson. Era la primera mujer negra que llevaba las riendas del matutino y estaba flanqueada por un subdirector también de color, Deán Baquet, nombrado simultáneamente por el propietario, Arthur Sulzberger. El cese anunciado en público en la redacción produjo la irritación de la señora Abramson que ha contraatacado diciendo que la liquidaban en un acto machista, que los mandamases y la cúpula editorial del periódico no podían soportar que una mujer les diera órdenes, alguna de ellas, por el carácter de la directora, bastante desabridas.

Sulzberger no podía dejarlo pasar y contesta que la cesada trataba mal al personal, no consultaba con nadie y había incluso ofendido al subdirector ofreciendo cargos importantes sin tenerlo en cuenta para nada. La señora Abranson clausuraba el curso de una Universidad importante esta semana y presumiblemente se despachará. La polémica está sobre la mesa, ¿ha habido machismo o la directora no estaba capacitada para llevar el timón del periódico que crea más opinión en Estados Unidos y que atraviesa como tantos otros problemas económicos? Hace pocos años tuvo que vender su edificio donde sigue alquilado y hubo de endeudarse, con intereses bastante elevados, con el millonario mejicano Carlos Slim.

En Francia casi a la vez se decapitaba a la directora de Le Monde. Este vespertino parisino, fundado al termino de la II Guerra, anda un poco de capa caída, es propiedad ahora de tres multimillonarios que han metido en el más de 100 millones de euros en los últimos años, y sigue siendo el periódico de referencia para la progresía francesa (y antaño para buena parte de la europea). Las tiradas han disminuido, el periódico se debate como otros en la duda de si lanzarse a fondo en la aventura digital o si continuar primando la tradicional impresa. Como ocurre en España la difusión digital avanza, pero los periodistas de solera piensan que si abandonan la edición tradicional y se pasan a la digital es un descenso de categoría. La directora, la señora Natalie Nougayrede ha sido víctima de la pugna entre la edición de papel y la de la red. Ella quería invertir más en la de red y ha sido defenestrada por una extraña alianza entre los propietarios y una buena parte de la redacción. Es un periódico que conserva una buena parte de la estructura democrática de la que se dotó cuando se fundó en la época de de Gaulle: un porcentaje de los redactores debe aprobar el nombramiento del director.

Como otras publicaciones galas, Le Monde debe parte de su subsistencia a las generosas subvenciones del Gobierno. Con todo, el descenso de las ventas ha sido dramático y no parece que sus tribulaciones hayan cesado.

La acusación de machismo también ha flotado en relación al acoso y derribo de la directora. En todo caso, el declive del vespertino produce tristeza a todos los que en la época del franquismo comprábamos con avidez (no faltaba, como diría Umbral, quien lo hacía por presumir) el venerado y bien estructurado Le Monde.

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