El hastío, la irritación y una señora cafre

Uno está tentado de escribir de esa señora tan delicada, tan humanitaria, tan justa y tan ecuánime que al comentar el asesinato de la Presidenta de la Diputación de León ha dicho algo tan lleno de sensibilidad como que “quien siembra vientos recoge tempestades”.

Uno está tentado de deducir que esto es producto de los momentos de crispación que vive nuestro país que ha provocado que se pierdan las formas más elementales y que se descalifique zafia y bestialmente al rival ¡Qué mayor descalificación que la indicada más arriba!

El hastío existente en nuestros lares hacia la clase política es preocupante. La creencia de que todos los políticos son unos chorizos es alarmante y un tanto injusta. Sigo convencido de que la mayor parte de las personas que han entrado en la vida pública, independientemente de que un cierto número de ellos sean unos ignorantes que buscan solo el pesebre, no roban ni se aprovechan de su cargo para lucrarse. Esto me recuerda el aforismo yanqui: “un barril de mierda con unas cucharadas de agua es mierda y un barril de agua con unas cucharadas de mierda también es mierda”. Los pocos contaminan a los muchos. Pero también es una ingenuidad pensar que los aprovechados, los prevaricadores, los que practican el amiguismo desenfrenado, son una ínfima minoría. Serán una minoría pero ya no es ínfima. Aterra pensar que en España hay más corrupción, francamente más, pensaría yo, que en la época de la dictadura.

Lo malo de nuestro país es que en los tiempos que vivimos y dados los abundantes escándalos que presenciamos, EREs andaluces etc…, desenfundamos demasiado deprisa para sembrar las sospechas sobre la honorabilidad de una persona o para lisa y llanamente soltar una calumnia. Luego, a menudo, el sujeto en cuestión resulta totalmente inocente. Hay muchos casos así. De forma semejante, y esto es lo desalentador, en muchas ocasiones en que resulta claro que la persona en cuestión había jugado con el dinero público, se lo había embolsado o lo había desviado hacia amigos o instituciones amigas, en definitiva, cuando la persona había delinquido, el malhechor se escapa ileso sin afectarle a su posición y menos aún a su patrimonio conseguido con procedimientos no santos. Estos casos también son enormemente numerosos. Yo diría que en otros países de nuestro entorno la sociedad es más cauta a la hora de cuestionar la honradez de un cargo público y al mismo tiempo cuando no hay dudas sobre la fechoría la sociedad y la ley son más severas, los pícaros pueden jugar menos con la prescripción y con determinadas artimañas.

España está repito irritada de los políticos, las elecciones europeas nos resbalan, el descontento social es caldo de cultivo para excesos como los lamentables acosos a políticos, la crisis no acaba de marcharse, pero, dicho esto, la señora del comentario de quien siembra vientos etc…, me es igual que sea socialista, que fascista, que comunista, que euroescéptica… es una catre en el sentido más puro de la palabra. Como le ocurrió al hincha que tiro el plátano en Villareal debería salir de la escena política por vida.

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