Crimea y la hipocresía

Los acontecimientos internacionales galopan y eso hace la cuestión de Crimea a pesar de su gravedad vaya siendo relegada al interior de los medios de información. En España, el 11-M acapara titulares, en Francia, las escuchas a Sarkozy, en Estados Unidos, las divisiones sobre el Obamacare, en todo el mundo el espanto y las especulaciones sobre la desaparición del avión malayo…

Sin embargo, el zarpazo ruso sobre Crimea empieza a ser más ostensible. Hasta la señora Merkel, cauta donde las haya en cualquier fricción con Rusia, ha opinado que la anexión de la península por Moscú es cada vez más evidente. Rusos y americanos no logran ponerse de acuerdo sobre el punto de partida de una negociación. Los Estados Unidos quieren contactos directos entre el nuevo gobierno de Ucrania y Rusia con una agenda abierta y Moscú se niega a aceptar como un hecho consumado que haya habido un cambio aceptable de gobierno en Kiev, habría sido un golpe de estado “fascista” manipulado por agencias occidentales. El primer ministro ucraniano A. Yasentyuk será recibido el lunes en Washington por Obama y los dirigentes de Crimea que se declaran independientes y a punto de pedir su anexión a Rusia son recibidos con boato en Moscú.

Nadie sabe quien saldrá ganando a medio y largo plazo de la crisis, la reunión del G-8 en Sochi, aunque aún no cancelada, peligra y Estados Unidos y Francia, los más activos de las grandes potencias occidentales, quieren poner pronto en marcha un paquete de sanciones contra Rusia que no sea simbólico. Diversos antiguos vasallos de la Unión Soviética, Polonia, los tres bálticos etc…con un curioso silencio de Hungría, avisan que esto es sólo un primer paso, que Rusia vorazmente luego querrá dar una dentellada en el este de Ucrania o en Moldova o en Kazajstán. Que no acepta que esos países puedan ser verdaderamente independientes.

Simultáneamente, llueven las acusaciones mutuas de hipocresía. Los rusos alegan que muchos occidentales se apresuraron a aceptar la independencia de Kosovo y ahora se oponen a la de Crimea y en su entusiasmo crítico sostienen que Estados Unidos y Gran Bretaña invadieron realmente Irak y ahora acusan a Rusia de algo que no ha realizado, invadir Crimea. Esta última acusación tiene sus puntos débiles, Obama, que condena ahora a Rusia, estuvo siempre en contra de la intervención en Irak, en parte es presidente por ello, y la invasión de Irak, aun sin ser aprobada por la ONU, se hizo contra un autócrata que había violado importantes resoluciones de las naciones Unidas.

El pliego de cargos occidentales sobre la conducta de Putin es bastante más agobiante, éste dice que la población rusa en Crimea está en peligro pero no deja que lleguen observadores de la OSCE para comprobarlo, acusa a los nuevos dirigentes ucranianos de fascistas y de antisemitas cuando en las revueltas que depusieron a Yanukóvitch había abundantes judíos y la comunidad judía en Kiev declara que se siente segura, niega que haya tropas rusas en Crimea cuando es obvio que los “voluntarios” ucranianos de autodefensa son soldados rusos camuflados o gente armada por Moscú, insinúa que está siendo invitado a intervenir por el gobierno de Crimea olvidando que quien tendría que invitarlo sería el de Ucrania y que esa invitación recuerda a las que supuestamente hicieron Checoslovaquia en 1968 y Hungría en 1956 y, por último, ha defendido, con razón, su integridad territorial en el caso de Chechenia y otros y ahora se burla de ese principio con Crimea.

No está claro como las dos partes, Rusia y Occidente, van a salir del atolladero sin quedar en ridículo.

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