Putin miente pero tiene la llave

Aunque todo el mundo, Rusia, Ucrania, Occidente… tiene que perder si la situación se agrava, las cosas no acaban de mejorar en la grave crisis abierta en el país eslavo.

Obama, que habló hace un par de días una hora y medio por teléfono con Putin, comenta que el Presidente ruso está violando la legalidad internacional. Putin, de su parte, ha dado una conferencia de prensa calificada de confusa, repetitiva y mentirosa por varios medios de información occidentales poco sospechosos de querer animar el fuego. El británico The Guardian, por ejemplo, titula un artículo “las mentiras de Putin en su charla”. Entre las cinco reseñadas está la de que todo lo ocurrido en Ucrania es un montaje de los servicios de inteligencia de Estados Unidos que realizan con gente de otros países experimentos políticos como si se tratasen de ratas.

La acusación de Putin es un tanto grave y va, en buena medida, dirigida a su consumo interno. No olvidemos, con todo, que los dirigentes del Kremlin creen verdaderamente que hay una conspiración occidental y de los países limítrofes de Rusia cuyo único objetivo es debilitar a la nación rusa.

Parte de este talante se vierte en los medios de información controlados en buena medida por el gobierno. Las televisiones rusas repiten hasta la saciedad la cantinela de que la intervención de sus soldados en Crimea está basada en que peligra la vida de los abundantes rusos que allí habitan. Y llueven los bulos. Un político de una provincia rusa fronteriza afirma ante la televisión que están llegando miles de refugiados y el Financial Times da cuenta de que nada menos que el Presidente de la Cámara alta rusa dijo que ya han entrado unas 165.000 personas huyendo del caos ucraniano. Otro canal narra que la policía fronteriza rusa ha afirmado que ha ya han cruzado unas 650.000 escapándose de una amenazadora crisis humanitaria.

Como escribe el prestigioso periódico británico si uno visita los pasos entre los dos países se dará cuenta de que el tráfico es normal, casi el rutinario en esta época del año. No es lo que capta el espectador en Moscú, San Petersburgo o Saratov. El mensaje que le llega machaconamente es ominoso y antioccidental.

Putin, antiguo alto cargo de la KGB en Alemania, parece un entusiasta de la intoxicación y algún periodista apunta que la señora Merkel piensa que hay temas en los que está en otro mundo, en los que carece de realismo. No obstante, la solución del problema pasa por él. Ucrania es una línea roja para cualquier Presidente ruso, más para él que piensa que la desaparición de la Unión Soviética fue una de las mayores catástrofes del siglo XX, y no es persona a la que guste hacer el ridículo. El problema ahora es como salva la cara y al mismo tiempo se respeta la soberanía e integridad de Ucrania.

Sobre el autor de esta publicación