Javier Bardem y la franqueza del diplomático

El presidente Hollande está excusándose embarazosamente ante el rey de Marruecos porque es obvio que Javier Bardem lleva razón y el Embajador francés en la ONU ha cometido una gaffe diplomática, una metedura de pata considerable.

El silencio es oro en nuestros días. Cualquier frase que se profiera es aireada a los cuatro vientos. Mourinho quejándose de no contar con un verdadero goleador ha llegado a cuestionar la eficacia y la edad de E´too. “¿Tiene 32 o 35 años?” manifestaba a su interlocutor. Esto le puede crear algún problema al portugués con su delantero pero la cosas quedará entre ellos, un entrenador y un jugador a sus órdenes.

El caso del Embajador francés en la ONU es bastante más grave. Según Javier Bardem, que se quejaba ante él de la actitud del gobierno de París en el tema del Sáhara, el diplomático galo habría manifestado que “Marruecos es como una amante con la que uno se acuesta todas las noches, de la que no se está totalmente enamorado pero a la que hay que defender”. No tengo dudas de que Bardem ha sido bastante indiscreto al revelar una conversación con el Embajador, pero tampoco las tengo de que el diplomático le dijo exactamente eso. Los diplomáticos suelen ser bastante cautos en sus manifestaciones, pero a muchos de ellos en cuanto tienen enfrente a un famoso se les hace el trasero una mandarina y se les desata la lengua.

La frase, ampliamente difundida, ha sentado a cuerno quemado en Marruecos: …”amante… de la que no se está enamorado” suena a despectivo y, sobre todo, a displicente. Un portavoz marroquí ha pedido que Francia se disculpe y que aclare si es verdad que su representante dijo al actor las frases en cuestión.

Hollande habrá tenido que templar gaitas y ni a él ni a al rey Mohamed les interesa que las aguas se enturbien entre los dos países. Francia es en Naciones Unidas la defensora inveterada de las tesis marroquíes sobre el Sáhara. En mi época de Embajador ante ese organismo se aprobó una resolución, julio 2003 durante la presidencia española del Consejo de Seguridad, que bendecía el Plan Baker que pedía un referéndum en el antiguo territorio español. Estados Unidos, para sorpresa de muchos, fue el instigador de la resolución y Francia, aunque acabaría plegándose para no quedarse sola en la votación, fue la que se movió para aguarla o que no se aprobara.

En los años siguientes, con cualquier gobierno, Francia ha seguido apoyando a Marruecos. En la época de Zapatero, y para amarga sorpresa esta vez del Polisario y de los saharauis, encontró en España un estrecho aliado en esta política de distanciamiento de los saharauis.

La postura de Francia no parece haber cambiado. La frase del Embajador, a pesar de su condescendencia hiriente, no hace en el fondo más que confirmarlo.

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