Mi colega Shirley Temple

Me encuentro en Estados Unidos y veo a este país llorar la muerte a los 85 años de la niña prodigio, actriz y diplomática Shirley Temple. (Entre otras cosas fue, como yo, representante de su país en las Naciones Unidas).

La vida de Shirley Temple es en sí una película y un buen reflejo de Estados Unidos, de los avatares y peculiaridades de esta nación. Habiendo empezado a tomar clases de danza cuando tenía tres años, el desparpajo y la simpatía de la precoz niña, pilotada por una madre que sabía lo que hacía, le llevó a ser, a la increíble edad de seis años, contratada por la Fox con la que haría en poco más de un año diez películas.

La agraciada cría resultó un filón de oro y platino. Salvó literalmente a la Fox de la ruina. Estados Unidos aún no había salido de la depresión del 29 y las películas de Shirley transmitían un mensaje agradable, en buena medida optimista, muy necesario para el país. El presidente Roosevelt dijo que el mensaje que propagaba la niña en sus films había hecho maravillas entre sus ciudadanos. Enorme éxito tuvieron las películas que rodó con el bailarín negro, que le llevaba unos 40 años, Bill “Bojangles” Robson, quizás el actor favorito de la Temple. Puede decirse, otra primicia en su vida, que formaron la primera pareja mixta del cine americano en momentos en que el racismo aún latía con fuerza en la nación.

Cuando su estrella empezó a declinar, había sido la actriz más taquillera varias temporadas, la gente había querido ver su monísima cara y su frescura de niña pero no le entusiasmaban sus papeles de adulta, se percató de que su padre, con malas inversiones, había dilapidado la inmensa fortuna de la jovencita. No se amargó.

A los diez y siete años se enamoró, fue un flechazo, de un militar que más tarde trabajaría en los servicios de espionaje de los Estados Unidos. Le entró entonces el gusanillo de la política, se presentó a congresista y tendría una rica carrera diplomática. Representante en la ONU, Embajadora en Ghana, Jefa de Protocolo de la Casa Blanca, Embajadora en Checoeslovaquia en la época en que el país se emancipó del yugo soviético.

Siento no haber coincidido con ella en la ONU porque sus películas habían alegrado un tanto mi niñez. Su fresca precocidad le hizo, durante un rodaje, decirle al director una frase que es una fotografía hilarante de sus posibilidades: “Señor director, cuando lloro en la escena, ¿quiere que la lágrima corra hasta abajo o que se quede a mitad de la cara?”. Insuperable e inolvidable.

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