Remolinos en el fútbol

Mientras Messi aparece en los medios de información de todo el mundo haciendo publicidad de las aerolíneas turcas, Turquía es un país que no escatima recursos en promoción de los últimos años, la prensa también habla de conexiones de su familia con el lavado del dinero. El formidable jugador ya está politizado incluso en contra de su voluntad. Ciertos medios, en base a las pillerías de que se acusaba a su padre, están dispuestos con celeridad a ver toda suerte de trapacerías en su conducta y la de sus próximos. Otros medios, catalanistas, ven en las acusaciones un nuevo intento de asfixiar a Cataluña a través de Messi. Así es España.

Pero hay más. Simultáneamente nos llega la noticia de que la Comisión europea puede expedientar a España por ayudas irregulares a los clubes. Hay de nuevo una cierta alegría en las acusaciones pero, en todo caso, las contemplaciones que a menudo, retraso en el pago de la seguridad social etc…, se tienen con los clubes no son de recibo. Los contribuyentes, por aficionados que seamos, no entendemos por qué debería haber un trato de favor con las sociedades deportivas.

Nos enteramos, además, de que en Italia se ha abierto una investigación sobre una operación de amaño de partidos en la que estaría envuelto el jugador Gattuso y otros. Ya hace años, por una probada felonía semejante, varios jugadores connotados fueron suspendidos durante meses y el venerable equipo de la Juventus fue sancionado con la pérdida de la categoría. Parece que no aprendieron. Aquí, de nuevo, la justicia, si se prueban los hechos, debería actuar con severidad. No hay nada que ahuyente más a un aficionado que la sospecha de que hay tongo en los resultados.

Por último a las tribulaciones de Qatar en la construcción de la infraestructura para su Mundial, con denuncias de sometimiento de los trabajadores extranjeros a un sistema de trabajo medieval que roza según los críticos la esclavitud, se unen ahora las de Brasil. El Mundial de fútbol brasileño está ya a unos seis meses, hay prisas para concluir los estadios. La mala planificación, los cálculos optimistas y las prisas son nocivos desde diversos puntos de vista. Lo peor, en todo el mundo, es que favorecen la corrupción. Hay que terminar tal obra, tal autopista, tal estadio… vamos retrasados, pues se echan millones encima para rematarlo como sea. En España tenemos algún ejemplo de esto.

En la ocasión actual brasileña, con todo, el problema que emerge fundamentalmente es el de la seguridad. Ya han muerto dos personas en las obras del estadio Corinthians de Sao Paulo, en el que se jugará el partido inaugural, y ahora los trabajos se han detenido en el Arena de Manaos donde debutará Inglaterra. Ha habido otro muerto y los trabajadores alegan que la cota de seguridad “es cero”.

Brasil es país poco derrotista y menos aún en lo que atañe al fútbol. Hay pasión de toda la población, han sido muy a menudo los mejores y bastantes brasileños piensan que las aguas han de volver a su cauce, que es totalmente natural que Brasil gane el Mundial que, además, se celebra en casa. Está en el orden de las cosas. Surgen, sin embargo, algunas voces, aisladas hasta el momento, que señalan que el coste económico y tal vez humano del Mundial va a ser excesivo. El económico sin duda. El Estadio Arena Amazonia de Manaos va a costar un pastón y en la zona no hay un equipo en primera desde hace años. La media de espectadores en encuentros en la región en los dos o tres últimos años ha sido inferior a 1.000. Después del Mundial el flamante estadio será una ballena varada e inutilizada.