¿Manipuló Estados Unidos la amenaza siria?

En la primera guerra del Golfo, la de Bush padre, los servicios de inteligencia estadounidenses no vacilaron a realizar varios montajes que magnificaran la maldad de Sadam Husseim. Una gaviota embadurnada de petróleo que probara la devastación en los pozos de crudo y una enfermera que narraba las atrocidades cometidas por los iraquíes en un hospital de Kuwait. Luego resultó que la foto del ave estaba trucada y que la enfermera era la hija del Embajador de Kuwait interpretando una escena dramática.

En la más reciente contienda del Golfo, la de Bush hijo, no hubo necesidad de inventar nada, Sadam había tenido y utilizado las armas de destrucción masiva, pero la CIA maquilló ciertos aspectos de la realidad, los que podían probar que no era seguro que el dictador iraquí tuviera ALGUNA de las armas, y agrandó otros en base a testigos no siempre fiables.

Ahora un famoso periodista, Seymour Hersh, acusa de nuevo a su país de retorcer la verdad. Según Hersh, que jugó un papel importante en desvelar los horrores de la prisión de Abu Ghraib y obtuvo hace cuarenta años un Pulitzer por su cobertura de la guerra de Vietnam, el gobierno de Obama “orientó” la información sobre el ataque con armas químicas que tuvo lugar a finales de agosto y que iba a dar pie a que Obama interviniera militarmente. El periodista, que no parece comprar las cifras de muertos dadas por su gobierno, afirma que no es un hecho incontestable que el ataque partiera del gobierno de Assad. También podía ser obra de los rebeldes que luchan contra él.

Hersh señala que dado que Obama había declarado abiertamente que el lanzamiento por el régimen sirio de armas químicas constituiría un hecho intolerable(“cruzar una línea roja”), el Gobierno de Washington, en momentos que pensaba intervenir finalmente en el conflicto de Siria para parar la sangría del país, pensó que tenía que desplegar un pretexto sólido e indignante, las armas químicas, para asentar su acción ante la opinión pública.

Finalmente, el ataque americano no tuvo lugar. El descalabro en los Comunes del Gobierno de Londres cuando Cameron llevó el asunto a la Cámara para ser bendecido antes de la participación británica replanteó todo el asunto en Estados Unidos. Obama se percató de que su Congreso también le podía salir respondón y vio una tabla de salvación en la propuesta de Putin de convocar una conferencia. Aceptándola se evitaba un ridículo.

La denuncia de Hersh tiene peso por proceder de quien procede. Es un periodista avezado, serio y poco propenso a embarcarse en teorías conspiratorias. Un portavoz de los servicios de inteligencia estadounidenses ha desmentido rotundamente los hechos denunciados y hay un hecho curioso, ni el Washington Post ni el New Yorker, publicaciones prestigiadas e independientes, Hersh es colaborador habitual de la segunda, han querido publicar el reportaje lo que es de presumir habrían hecho si lo considerasen totalmente riguroso. El comentarista ha tenido que refugiarse en Inglaterra, en la London Review of Books.