¿Va en serio lo de Irán?

Los negociadores de los seis países “gordotes”(los ministros de los cinco permanentes del Consejo de Seguridad, EEUU, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, más Alemania) y los delegados iraníes parecían eufóricos al término de lo que ya se califica, sin ditirambos, de acuerdo histórico.

Sobre el papel lo es holgadamente. Irán renuncia a enriquecer uranio por encima de un porcentaje que le permitiría llegar al arma nuclear y los otros se comprometen a ir levantando las sanciones que mantenían al país asiático en un letargo económico cada vez más engorroso. Todo se hará de forma paulatina pero, si cristaliza, lo conseguido es fundamental. Se detendría la proliferación nuclear, dado que la entrada en el club de Irán llevaría tarde o temprano la de Arabia Saudita, Turquía etc…, se reduce un foco de tensión en Oriente Medio y se ponen los cimientos para que Estados Unidos e Irán, los dos verdaderos protagonistas del contencioso, reanuden relaciones que se cortaron hace 34 años. Los insultos mutuos han aflorado frecuentemente, el Gran Satán, decían los iraníes, el Eje del mal, proclamaba Bush. Los dos países, sin embargo, parecen haber comprendido que había que aparcar la ideología y primar los intereses. Ya lo había hecho Nixon con China y ahora lo hace Obama con Persia. El acuerdo, por cierto, beneficiará la imagen últimamente desteñida de Obama, si el Congreso no se lo tira por tierra como estuvo a punto de hacer con la no realizada intervención en Siria. Obama, habiendo descartado la intervención militar en Irán, se ha percatado de que llegar a un cambio de régimen en ese país era en estos momentos una quimera. Mejor alcanzar a un acuerdo con los ayatolás ahora que había llegado al poder un moderado.

Los intransigentes del búnker iraní van a guardar silencio. El líder supremo ha bendecido el acuerdo. En el Congreso y en la prensa americanos habrá algún remolino. En Israel hay rechazo total, Netanyahu ya ha calificado el texto de “engañabobos”, razonando que eso deja aún a Teherán sólo a dos vueltas de manivela de fabricar la bomba nuclear. No parece, con todo, que vaya a lanzarse a un ataque unilateral contra Irán para destruir su capacidad de hacerla.

La clave está en comprobar, en los próximos seis meses, si los iraníes van de buena fe. El ministro francés Fabius dice que ha habido un avance pero que la vigilancia es básica. Y remacha: en el acuerdo se establece claramente para Irán: “nuclear para usos civiles, sí; militar, no”.

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